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Cazando al águila, encontrando al protagonista de "Volando alto"



Resulta ser que la búsqueda por encontrar a Eddie no les llevó mucho tiempo, ya que Vaughn tenía al candidato perfecto bajo sus narices. Acababa de ponerle los toques finales a Kingsman: The Secret Service, protagonizada por Colin Firth, Samuel L. Jackson, Michael Caine, Mark Strong y Taron Egerton, en el papel de Eggsy, el héroe del filme. Fue el primer papel cinematográfico de Egerton, un joven galés que nunca antes había actuado.

“Sabía que Eggsy había sido una actuación”, dice Vaughn. “Eggsy no se parece para nada a Taron. Le dije, ‘Es importante que ahora hagas un personaje que sorprenda a la gente’. No tengo duda alguna que Taron iba a sacar adelante a Eddie”.

Egerton ni siquiera había nacido cuando Edwards estaba volando por los cielos de Calgary, pero el joven actor no chistó ante la oportunidad. Una prueba con Jackman en Nueva York le siguió de inmediato, antes de que le ofrecieran el papel de manera oficial a Egerton antes de la navidad de 2014. Pero lo aceptó con una sola condición. “No tenía interés alguno en parodiar a Eddie”, dice Egerton. “Puede ser divertido, puede tener contratiempos, pero necesita un corazón y alma, y ser real y creíble”.

Sus miedos iniciales fueron inmerecidos. “Quería incrementar la emoción”, comenta Vaughn. “Eso es lo que más me emociona de esta película. Las audiencias ya no pensarán en Eddie el payaso, sino en Eddie el héroe”.


En su preparación para el papel, Egerton conoció al Eddie de la vida real, que le ayudó a conformar su actuación. “Eddie es un tipo muy razonable, agradable y afable”, comenta. “Tiene optimismo, y está enfocado. Hay cosas acerca de Eddie que son heroicas”.

Egerton se transformó para el papel con la adición de una peluca sutil, los característicos lentes gruesos, un poco de sobrepeso, un acento de Cheltenham y, hacia el final de la película, su icónico bigote. “¡Pero también necesitaba ser muy inocente!”, comenta. “Hugh le está aportando todo el peso y atractivo de estrella de cine, y a mí me ha dado el espacio para ser un poco excéntrico”.

El joven actor también aprendió a esquiar para el papel, para poder duplicar las posiciones que se requieren para el salto de esquí, desde la posición Inrun (la primera posición que un saltador de esquí adopta conforme baja por la pista) hasta el movimiento de despegue y el “Telemark”, que le permite al saltador aterrizar con un pie delante del otro. “Bueno, ¡hice como quince horas!”, dice entre risas. “Me puse bastante nervioso al hacerlo. Es muy duro. Te das cuenta de cuán peligroso es cuando lo estás haciendo”.

No se dejen llevar por las apariencias —el salto de esquí es un deporte tremendamente peligroso. “No voy a hacer el salto de 90 metros”, dice entre risas Egerton. “Tienes que hacerlo todos los días desde que tienes cuatro años tan sólo para adquirir seguridad. Ésa es la razón por la cual Eddie se lastimaba de manera continua”. Jackman, quien no es ajeno a realizar sus propias acrobacias, también estaba intimidado ante la dificultad de realizar un salto de 90 metros, que requiere una concentración total y un dominio absoluto del cuerpo tan sólo en el despegue, no digamos aterrizar de manera segura.

“Tuve que hacer una escena donde tenía que hacer un movimiento durante un salto, y tenía un cable puesto que iba a impedir que me matara si me caía”, recuerda Jackman. “¡E incluso así estaba aterrado! Cuando piensas que Eddie hizo eso en las Olimpiadas después de casi no haber realizado saltos en su vida, vaya que tenía una gran valentía”.


Quizás Vaughn lo resume de la mejor manera. “Quien sea que haya inventado el salto con esquí estaba loco”, apunta. “No hay razón lógica alguna para hacerlo”.

Para representar de manera certera la rutina de entrenamiento de Edwards, y los grandes saltos que llevó a cabo en las Olimpiadas de Calgary, Fletcher y su director de fotografía George Richmond tenían que encontrar una forma para hacerlo de manera segura, y repetida. “Hay poco más de trece saltos en la película, y siempre es la misma acción —un tipo se sube a algún lugar empinado, salta y después aterriza”, indica Fletcher. “Teníamos que encontrar muchas maneras nuevas de hacer eso. Ya que, tan pronto y llegas a una pantalla, todo se vuelve chato, y la altura es algo que se reduce a un 50%, de menos”.

Otros problemas con los que se topó la producción mientras estaban en locaciones de Alemania y Austria, fue, por sorpresivo que resulte, la falta de nieve. “Estábamos filmando en primavera y a finales de un invierno templado”, comenta Fletcher. “Había una toma en la que Taron va a la cima para realizar un salto de 70 metros y mira hacia abajo, ¡y no había nieve! Tuvimos que traer nieve de más arriba de la montaña en un camión, y esparcirla por toda la pista”.

Otras soluciones tuvieron que ver con el uso sensato de gráficas por computadora, cámaras en cascos para incrementar la sensación de velocidad —una vez que el esquiador baja volando por la vista— y la construcción de plataformas complejas en y alrededor de los saltos de 70 y 90 metros. Este último le permitió a Fletcher, Richmond y al director de segunda unidad, el legendario Vic Armstrong, concebir tomas para que la cámara bajara en picada y volara, y, así, fuera capaz de representar la velocidad total de un saltador de esquí cuando se lanzan hacia lo desconocido. “George y yo nos pusimos muy creativos”, añade Fletcher. “Encontramos maneras de inventar ángulos divertidos, y formas de comunicar cuán alto y peligroso es esto. Es acerca de elegir a la gente correcta para que te ayude a llevarlo al siguiente nivel”.

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