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Cacería en Venecia: el enigma que juega con los límites del escepticismo

La película le da un nuevo aire a la historia de Christie con su mezcla de terror y misterio

Cacería en Venecia

Esta semana se estrena Cacería en Venecia un filme que trae de nuevo a Hercule Poirot, el extraordinario detective de Agatha Christie que vimos en Asesinato en el Expreso de Oriente y Muerte en el Nilo. Kenneth Branagh regresa como director junto a Michael Green en el guión de esta nueva aventura inspirada en el libro de Christie Las Manzanas.


La historia se sitúa posterior a la Segunda Guerra Mundial, con un Poirot (Kenneth Branagh) retirado y aislado del mundo en una residencia en Venecia cuando la popular escritora Ariadne Oliver (Tina Fey) lo arrastra hasta una fiesta de Halloween organizada por la cantante Rowena Drake (Kelly Reilly) donde se llevará a cabo una sesión espiritista con Mrs. Reynolds (Michelle Yeoh) una médium que afirma ser auténtica. Pero cuando la desgracia ocurre, Poirot deberá hacer uso de todas sus habilidades para encontrar al culpable, incluso cuando sucesos paranormales fuera de toda lógica se hacen presentes.


Una de las características que llama la atención desde el primer momento es la fotografía, con planos holandeses y otras decisiones artísticas que van generando un ambiente de incertidumbre que juega con la percepción del espectador. Sin duda hay secuencias que por sí solas son memorables, comenzando por la introducción. De manera similar a Oppenheimer, la película alterna escenas a blanco y negro para presentar ciertos hechos,


Contario a la mayoría de las películas de terror, donde el sonido es un pilar para el jump scare, la película juega con el silencio de una manera magistral, generando cierta tensión en momentos precisos a la vez que acentúa los momentos en que hay música u otros sonidos. En este punto, es una película bastante sensorial que aprovecha al máximo la imagen y el sonido para atraparte.


Todo este entramado estético se complementa con una historia formidable en la que hay más de una sorpresa y giros inesperados. La historia toca unos de los enfrentamientos clásicos: la fe contra la lógica. No solo vemos a un Poirot que es constantemente cuestionado sobre su agudeza, sino que también vive una lucha interna entre aceptar que hay misterios incomprensibles incluso para él o sobreponer a la razón ante todo. Este conflicto hace que el detective se sienta vulnerable, limitado y ello ahonda a la tensión de la cinta.


En general, las actuaciones son memorable, con cada personaje teniendo el tiempo suficiente para exponer los motivos que los han traído a la fiesta y que finalmente forman parte de una maquinaria compleja alrededor del crimen en cuestión. Las historias de detectives tuvieron su auge y su caída, pero sin duda la propuesta de Cacería en Venecia y su juego entre el terror y el misterio hacen que las historias de Poirot vuelvan a brillar, ahora en la pantalla grande. Sin duda una cinta que tiene lo necesario para volverse memorable y una buena introducción a la temporada de terror que se avecina.

Andrea Rodriguez

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