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Cate Blanchett habla sobre dar vida a Lydia Tár, la precursora directora de orquesta alemana

Ella ascendió a las filas de las “cinco grandes” orquestas estadounidenses, mientras componía y ganaba los cuatro premios más importantes: el Emmy, el Grammy, el Óscar y el Tony

Del guionista, productor y director Todd Field llega TÁR, película protagonizada por Cate Blanchett como Lydia Tár, la precursora directora de una importante orquesta alemana. Conocemos a Tár en la cúspide de su carrera, mientras prepara el lanzamiento de un libro y la muy esperada dirección en vivo de la Quinta Sinfonía de Mahler. A lo largo de las semanas siguientes, su vida comienza a desmoronarse de un modo singularmente moderno. El resultado es un examen mordaz del poder, y de su impacto y durabilidad en la sociedad actual.


“Cate y yo empezamos a trabajar juntos en septiembre de 2020”, relata Field. “Ella hizo otras dos películas mientras se preparaba para hacer TÁR. Trabajaba durante el día y me llamaba por la noche, añadiendo varias horas de trabajo a su día. Aprendió alemán, a tocar el piano —sí, Cate es quien toca el piano, cada una de las notas de las obras— y realizó una impresionante cantidad de investigación. Es una absoluta autodidacta, y consiguió hacer más cosas durante un año —recordemos que mientras eso pasaba hizo otras dos películas —que las que Lydia Tár habría realizado en 25 años. Durante la producción, ella no dormía. Después de un día de rodaje se sentaba en el piano, aprendía alemán, practicaba el acento estadounidense, o tomaba una lección de técnica de la batuta y patrón de ritmo. Pasó su ‘día libre’ en una pista de carreras trazada con las dimensiones exactas de la rotonda de Alexanderplatz para ensayar una escena con Nina Hoss, mientras daba volantazos y frenaba a 100 kilómetros por hora entre ocho autos conducidos por dobles. No había absolutamente nada que pudiéramos pedirle, que ella no pudiera hacer. Ella puso muy alto el estándar para todos y tuvimos que hacer todo lo posible para tratar de seguirle el ritmo”.


Blanchett disfrutó de la carga intelectual del guion de Field, pero conectó con la historia, ante todo, a un nivel instintivo y humano. “Me di cuenta de que había muchas, muchas capas que quitar cuando yo, junto con el público, descubría quién era este fascinante enigma de Lydia Tár. Todd ha creado una criatura absolutamente única”. A Blanchett también le fascinaron las cualidades musicales rítmicas del libreto y el enfoque único de Todd para representar al personaje.


“Yo me centro mucho en el lenguaje y cuando leí el guion, había muchos puntos de referencia con los que simplemente no estaba familiarizada. Sabía que tenía que entenderlos por dentro y por fuera para que el público confiara en que el personaje sabía exactamente de qué estaba hablando en todo momento. Curiosamente, el público no necesita conocer estas referencias en absoluto: solo necesita saber que Lydia es una genio”.


“Me fascinó este retrato de una mujer que se desmorona, pero también respondí al guion a nivel rítmico a través de la música. Para mí, como actriz, la música suele ser la clave para desbloquear un personaje o la atmósfera para encontrar una conexión con la historia. La película de Todd estaba turbocargada de energía en este sentido”.


Para Field y Blanchett, trabajar juntos antes de que iniciara la producción se volvió un ejercicio para generar la atmósfera y para trabajar en la construcción del mundo y el desarrollo del personaje. “Fuimos encontrando cosas juntos y recorrimos el material, llegando más allá de lo que contenía”, explica Blanchett. “Todd es el colaborador más intrépido y abierto con el que alguna vez podrías esperar trabajar. Yo tenía una idea loca y él la tomaba en cuenta; y me enviaba un mensaje de texto a las 2:00 de la mañana que decía: ‘Creo que sé cómo hacer que esto funcione’. Era asombrosamente inventivo. Llevamos a los personajes más allá cuando empezamos a plantearnos grandes preguntas, como: ‘¿Qué ES un proceso?; ¿Hasta qué punto son transaccionales las relaciones en el guion?; ¿Todos los personajes son cómplices para que estas estructuras de poder sigan funcionando?; ¿Es posible sentirse cómodo cuando se intenta llevar a un grupo de personas a un lugar nuevo?; Nos encanta admirar a los grandes, pero ¿nos gusta igualmente verlos caer?’. Estas conversaciones también ayudaron a dar forma a Lydia. Muchos de nuestros grandes relatos se han derrumbado, y me fascinaron esas personas cuyas preocupaciones son grandiosas y exageradas, pero que históricamente no han tenido acceso a tal grandeza. ¿Qué pasa con las grandes personas que quieren llegar a la grandeza del pasado en la minucia del presente?”.


“Cate ingirió el guion, lo memorizó de cabo a rabo y luego profundizó en él”, dice Field. “Ella quería averiguar de dónde procedía todo lo que había en la órbita de Tár, así que cuando empezamos a filmar, sabía lo mismo que yo —de hecho, había ido más allá de lo que yo sabía. Me corregía durante los ensayos y expresaba que se decía MTT, y no Michael Tilson Thomas”.


“Mi punto de partida fue la clase magistral de Ilya Musin y el desgarrador documental sobre Antonia Brico”, explica Blanchett. “Observé a Claudio Abbado, Carlos Kleiber, Emmanuelle Haim y Bernard Haitink para averiguar quién no era Tár, pero también para saber quién aspiraba a ser. La dirección de orquesta es un lenguaje, un acto colosal de comunicación creativa. Es tan plenamente idiosincrásico y personal. El lenguaje gestual fue un gran portal para mí hacia la mentalidad de un maestro de la música, pero también para mostrarme cómo se movía por el mundo”. Blanchett se formó a fondo con la directora de orquesta Natalie Murray Beale, pero se apresura a señalar que “la formación para este papel requirió lecciones de piano, acentos e idiomas. Todas las cosas mecánicas prácticas dentro del conjunto de habilidades de este personaje que sin embargo, no son el personaje. Esta no es una película que se limita a la dirección de orquesta. Eso es algo esencial que hace el personaje, como respirar. El verdadero reto para mí como intérprete fue meterme en la cabeza de alguien ajeno a sí mismo. Ella ha olvidado, se ha alejado del ‘¿Por qué?’ y al tratar de establecer un legado, ha roto la conexión con la música. Tár es alguien con un poderoso crítico interior que inconscientemente se adhiere a la idea de que si eres perfecto, nadie puede hacerte daño. Pero, por supuesto, la perfección es imposible en el arte. El arte está lleno de imperfecciones y zonas grises, y ahí está el problema”.



“Yo entendí, a mi manera, cómo era dirigir una importante institución cultural”, dice Blanchett, quien fue codirectora artística y codirectora general de la Compañía de teatro de Sídney con su esposo, Andrew Upton, durante casi una década. “Tener ese nivel de responsabilidad cultural y física puede ser inmensamente solitario e ingrato a veces, tanto como puede ser el mayor reto de tu carrera. El 70% de nuestro tiempo como artistas lo pasamos dirigiendo la propia organización. El edificio, el cronograma, los patrocinadores, la interfaz con el público y, por supuesto, el manejo de la política de la empresa, los recursos humanos y la financiación gubernamental”. Dicha experiencia ayudó a la actriz ganadora del Premio de la Academia a comprender el funcionamiento interno de un conjunto artístico —y el de un personaje exigente y a menudo volátil que usa ambos sombreros en una orquesta alemana. “La responsabilidad creativa y física recae absolutamente en nosotros, y cuando asumimos el cargo, sacamos el escritorio de nuestra oficina y consultamos a profundidad con nuestro personal sobre las decisiones artísticas. Estoy segura de que al principio, muchos de los que estaban acostumbrados a un enfoque más jerárquico pensaron: ‘No saben lo que hacen’. No estaban acostumbrados a trabajar de forma más democrática. Tradicionalmente, el mundo de la música clásica, como muchas instituciones, no tiene un acuerdo como éste. De Tár, por ejemplo, se espera que ella forje sola su camino. Como directora de orquesta, la música fluye a través de ella, pero no hay referencias de personas en su posición. Los únicos ejemplos han sido los grandes tiranos del canon clásico, como Wilhelm Furtwangler y Herbert von Karajan”.

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