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Edgar Wright platica sobre la creación de "El misterio de Soho"

La idea original de esta historia surgió hace más de una década. Edgar Wright proyectó la línea argumental rápidamente, pero no se apresuró para llevarla a la pantalla.

“En febrero de 2012 fue la primera vez que Edgar me comentó que deseaba desarrollar la historia”, señala Nira Park, quien ha sido productora y confidente de Wright por mucho tiempo. “En ese momento estábamos trabajando para sacar The World’s End adelante y nos encontrábamos muy ocupados. En mi opinión, no teníamos tiempo para pensar en otro proyecto, pero Wright insistía con la idea y realmente quería echar a andar esta producción. Él estaba en los Ángeles y yo estaba en Londres. Él vino a Londres a unas reuniones relativas a The Worlds End, y en esa semana logramos programar una presentación del proyecto con Film 4, pues a esta productora le gustó el proyecto. En ese momento, la presentación incluía una versión de bajo presupuesto de la película. De inmediato, Film 4 confirmó su interés y estuvieron de acuerdo en financiar una investigación que realizaría Lucy Pardee, con quien Wright ya había trabajado durante la preparación de The World’s End”.

Edgar Wright contrató a Lucy Pardee, reciente ganadora de un premio BAFTA al mejor casting por su trabajo en la cinta Rocks, para que investigara a profundidad varios elementos de la historia. Pardee entrevistó a gente de diversos contextos quienes vivieron o trabajaron en Soho en los años sesenta. El nutrido documento que ella armó incluye información sobre la industria del sexo –en el pasado y presente– en el Centro de Londres; también había datos sobre los cuerpos policiacos que patrullaban entonces esa zona y sobre los estudiantes de moda que actualmente se forman en Soho, como nuestra heroína Eloise. Pardee también investigó sobre las pesadillas, la parálisis del sueño, los encuentros paranormales y los fantasmas, así como los sueños lúcidos, entre otros aspectos que, eventualmente, conformarían la historia. Conforme Wright asimilaba esta rica colección de relatos de primera mano, amalgamando estos datos con su gran gusto por las películas y música de los 60, los detalles de la historia cobraron forma.


Sin embargo, The World’s End y Baby Driver eran su prioridad. Fue hasta que concluyó la producción de esta segunda cinta que Wright decidió con toda seguridad que El Misterio De Soho sería su siguiente película.

“Fue en marzo de 2018, después de terminar las ruedas de prensa de Baby Driver, que yo tomé esa decisión”, comenta Wright. “Había presión para hacer una secuela de la película inmediatamente, pero de alguna forma yo sabía que debía hacer algo diferente antes de esa secuela. Para preservar mi salud mental yo debía evitar hacer enseguida otra impresionante película de acción y persecuciones de autos. Y cuando surge la oportunidad de hacer una cinta original que plantea nuevos retos, simplemente aprovechas la ocasión”.

Una vez más, Nira Park fue la primera persona con quien habló para iniciar el proceso. “Cuando presentamos la cinta, se trataba de una película de muy bajo presupuesto”, explica Park, “pero en cuanto empezamos a discutir este proyecto nuevamente, la idea creció; ahora se trataba de una propuesta más grande, lo que implicaba un mayor presupuesto. Edgar y yo acudimos a quienes han sido nuestros colaboradores por años: Eric Fellner y Tim Bevan de Working Title, en busca de apoyo para hacer este largometraje una realidad. Juntos, llevamos la cinta a Focus”.


Aunque a Wright le atraía la idea de hacer un thriller en el contexto de los años 60, una cinta de suspenso, llena de los elementos de horror y del estilo espectacular e impresionante de esa época, él también quería contar esa anécdota a través de una perspectiva contemporánea. Lo que no deseaba era simplemente glamorizar el pasado, o cubrir con un velo la grotesca realidad de unos años sesenta sórdidos y sexistas. Al integrar a una protagonista moderna en una historia de los 60, el cineasta lograría trazar el contexto con cautela y evitar presentar esa época a través del tinte rosa de la nostalgia.

“Existe una dualidad en ese sentido”, asevera Wright. “Al igual que el personaje de Eloise, yo amo lo mejor de esa época. Es un período fascinante: la forma en que la cultura cambió entre 1960 y 1969 es extraordinaria, es probablemente, el mayor salto que se haya dado en cualquier década. Sin embargo, también existe el temor de lo que sucede debajo de la superficie. Si se dedica mucho tiempo a romantizar el pasado, el peligro que está enfrente de nosotros puede pasar inadvertido”.

Wright se reunió con su amiga, la guionista Krysty Wilson-Cairns, cuando él ya tenía una historia totalmente desarrollada, incluso con un título inspirado en la canción de Dave Dee, Dozy, Beaky, Mick y Tich; sin embargo, la historia aún no estaba escrita en forma de guión. Wright le preguntó si le podía contar su idea. Ellos dedicaron una tarde a pasear por los antros de Soho, mientras él le narraba su concepto para la cinta. También visitaron algunas de las tabernas más famosas y oscuras de la zona.


“Fuimos al Toucan [pub] en donde Krysty fue una mesera por varios años, mientras ella escribía Aether, su innovador libreto”, señala Wright. “Krysty vivía en la calle Dean; cuando vives y trabajas en Soho terminas entablando amistad con las desnudistas y con los saca borrachos. Los conoces como personas de carne y hueso. Ella estaba empapada en todas estas maravillosas historias”.


Wilson-Cairns recuerda esa época. “Yo me mudé a Londres cuando tenía 22 años; era una jovencita que soñaba con la gran ciudad”, comenta riendo. “Provengo de un lugar pequeño y muy protegido, por lo tanto puede entender perfectamente la travesía de la protagonista. Cuando conocí a Edgar –Sam Mendes nos presentó y dijo que seguramente nos llevaríamos muy bien– yo acababa de renunciar a mi trabajo en el bar, y conversamos sobre esos rincones de Soho que no se ven, todos esos sórdidos lugares nocturnos. Entonces nos lanzamos a investigar la noche en el Soho. Yo aún no estaba involucrada en el proyecto, solamente era una amiga que le mostraba sus antiguos territorios. No obstante, yo consideraba que su historia era fantástica”.


Un año después Wilson-Cairns recibió la llamada de Wright, pidiéndole que escribieran juntos el guión. Ella estaba a punto de comenzar la preproducción de 1917 con Mendes, el largometraje que le daría una nominación al Óscar® al mejor guión. Durante las seis semanas antes de que se marchara, ella y Wright rentaron una oficina, escribieron la historia en tarjetas que iban pegando en la pared y diseñaron el primer borrador del libreto, refinándolo y perfeccionándolo a través de los meses siguientes.

“La historia se había estado fermentando en mi cabeza por mucho tiempo”, asevera Wright. “Solo necesitaba esa pieza faltante que Krysty pudo añadir a la cinta; esos detalles que redondean la película y que a mí no se me hubiesen ocurrido”. Para complacerlo, ella puso mucha atención y entusiasmo para que las escenas de 1960 cobraran vida, asegurándose de que el público se enamorase de Sandie. “Los dos le dedicamos mucho tiempo a definir quién es Sandie y quién es Eloise”, señala Wilson-Cairns. “Queríamos que Sandie fuera irresistible; esto implicaba construir al personaje y también su mundo. El público entra a la historia con Eloise, una joven mujer; entonces yo me pregunté, ¿Qué tipo de personaje me obsesionaba cuando yo era más joven? Normalmente eran personajes de la televisión; mujeres poderosas. No se trata de una obsesión masculina, no se trata tan solo de su apariencia; definitivamente se trata de su inteligencia y su percepción. Por lo tanto, el diálogo de Sandie era crucial para obtener lo que buscábamos”.


Al igual que Wright, Wilson-Cairns se esforzó para evitar la imagen de la mujer caída presentada por el cine de los 60. “Creo que hay un mensaje casi puritano en esas cintas, y nosotros no nos identificamos con ese mensaje para nada. Nunca tuvimos interés en castigar a las mujeres caídas; para mí, la simple idea de que las mujeres puedan caer es ridícula. Tratábamos de hacer algo que resultara verosímil, real, que sí hubiese podido suceder, que resonara con nuestras experiencias vitales. Nuestra intención era crear algo emocionante y que invitara a la reflexión”.