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Review: "Battle Angel: La última guerrera"


Una buena adaptación al manga que aprovecha los aspectos visuales del material original para crear un mundo maravilloso.


Cuando Alita (Rosa Salazar) se despierta sin recordar quién es en un mundo futuro que no reconoce, Ido (Christoph Waltz), un médico compasivo, se da cuenta de que en algún lugar de ese caparazón de cyborg abandonado, está el corazón y alma de una mujer joven con un pasado extraordinario. Mientras Alita toma las riendas de su nueva vida y aprende a adaptarse a las peligrosas calles de Iron City, Ido tratará de protegerla de su propio pasado, mientras que su nuevo amigo Hugo (Keean Johnson) se ofrecerá, en cambio, a ayudarla a desenterrar sus recuerdos. Cuando las fuerzas mortales y corruptas que manejan la ciudad comienzan a perseguir a Alita, ella descubre una pista crucial sobre su pasado: posee habilidades de combate únicas que los que ostentan el poder querrán controlar a toda costa. Sólo manteniéndose fuera de su alcance, podrá salvar a sus amigos, a su familia y el mundo que ha aprendido a amar


El casting incluye a nombres de peso cuya trayectoria los reconoce como excelentes actores como Christoph Waltz, Jennifer Connelly y Mahershala Ali, por lo que sin problema eso le da cierto peso a la cinta. Son los que comparten aunque sea en pequeña dosis mucho del espectro de emociones que en otras partes de la historia parecen no lograrse. Waltz da calidez a la historia, su lado paternal se convierte en un gran equilibrio, Connelly demuestra cambio interior.

Robert Rodríguez es el realizador pero la mano de James Cameron es evidente, sin embargo el primero ya demostró su capacidad para adaptar las viñetas a la pantalla grande con “Sin City” y en toda su filmografía ha demostrado un interés por compartir a la audiencia una experiencia visual con atención a los detalles. Con ello nos encontramos inmersos sin problema en el mundo que anticipaba el manga, incluso copiando algunas de las páginas de la publicación que los fans del impreso agradecerán.


La acción también cumple, con secuencias emocionantes, y momentos al detalle cuando las peleas se exhiben en cámara lenta para apreciarlas. La naturaleza de Alita es no correr ante los enfrentamientos, mientras descubre poco a poco lo que es capaz de hacer, y con ello nos proporciona algunas de las mejores escenas de la cinta, sus peleas en el bar y en la pista, cara a cara o protegiéndose.


Las deficiencias vienen en parte desde su origen y se potencian en la transición de llenar lo máximo de historia en estas dos horas. Alita a pesar de ser la heroína sigue siendo identificada como una mujer a la cual los sentimientos la abruman, porque siente intensamente y eso resulta un problema para ella. Una imagen de los personajes femeninos que se siente fuera de lugar en estos días. El romance se siente forzado desde el comienzo, y no hay momentos en donde la conexión se sienta tan profunda como para justificar las acciones siguientes. Ese es un defecto de la historia original pero que no se mejora en la pantalla grande.


Llegando casi al último acto de la cinta, teniendo en cuenta la duración, algunos momentos comienzan a ser más predecibles, creando la tensión para una secuela, por lo que el final no tiene tanto impacto como debería. Pero ese es un defecto actual de los blockbusters, en el interés de convertirse en franquicias y ante la aparente incapacidad de poder contar nuevas aventuras igual de emocionantes en otras entregas, parece como si dosificaran su contenido. Si la cinta resulta ser lo suficiente interesante, no hay necesidad de recurrir a eso.


Al final es una cinta entretenida, una mejor adaptación del manga al cine que otros intentos, las cabezas detrás de la producción y dirección logran darnos un producto decente que se agradece.