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Taika Waititi platica sobre la creación de "Jojo Rabbit"


Los nazis han sido parodiados en pantalla desde principios de la década de los ’40, cuando todavía eran una gran amenaza mundial —siendo clave que de quienes se reían al final era de ellos. Como alguna vez lo dijo Mel Brooks: “Si puedes reducir Hitler a algo risible, ya ganaste”.


La tradición se expandiría desde Chaplin (THE GREAT DICTATOR), Lubitsch (TO BE OR NOT TO BE) y Brooks (THE PRODUCERS), hasta John Boorman (HOPE AND GLORY), Roberto Benigni (LIFE IS BEAUTIFUL) e incluso Quentin Tarantino (INGLORIOUS BASTERDS).


Con frecuencia generaba controversia. Se dice que el propio padre del comediante judío Jack Benny se salió del cine cuando, impactado, vio a su hijo interpretando al oficial de la Gestapo en TO BE OR NOT TO BE. Pero la película también movió generaciones, y en la actualidad es considerada un ejemplo magistral de cómo la sátira más feroz e irreverente puede convertirse en un trampolín para una narrativa multifacética y humanista.


Stephen Merchant, quien interpreta a un capitán nazi siniestro y anodino en Jojo Rabbit, señala: “Tanto durante como después de la guerra, se mofaron de Hitler de manera habitual porque era una manera para que la gente lidiara con el horror que estaban viendo. Taika está siguiendo esa misma tradición, pero con su propia voz contemporánea”.


Esa voz distintiva refrescante de Waititi entró por primera vez en acción en una serie de comedias excéntricas, pero conmovedoras, que tenían una sensación personal y casera, incluyendo EAGLE vs. SHARK y BOY. Inmediatamente después de los elogios que recibió por su falso documental de vampiros WHAT WE DO IN THE SHADOWS y la comedia de aventuras HUNT FOR THE WILDERPEOPLE, Marvel lo contrató para que llevara su disparatada creatividad a THOR: RAGNAROK. (También interpretó a ‘Korg’ en esta última, un papel que repitió en AVENGERS: ENDGAME).


Jojo Rabbit se convertiría en muchas maneras como en el tipo de culminación de su carrera —donde mezcla lo emocional e íntimo, con lo divertido y excéntrico, en temas épicos que encienden una llama personal en él. Pero, de hecho, la semilla de la película comenzó con la madre de Waititi —una nativa de Nueva Zelanda cuya familia rusa judía emigró a principios del siglo XX. Fue ella quien primero leyó Caging Skies, de Christine Leunens, y le relató la historia a Waititi de un niño cuya creencia fervorosa en Hitler se pone de cabeza cuando descubre que su familia está escondiendo una niña judía detrás de una pared falsa en el ático.

“Le habló acerca del libro, pensando que podía ser algo para él”, indica el productor Carthew Neal. “Cuando Taika lo leyó, se dio cuenta que era más serio de lo que había imaginado, pero tenía el corazón y el drama que se requerían para este tipo de historias. Después, fue capaz de partir de ahí y añadir toques especiales, y llevarlo a su universo cómico y tonal”.


Waititi comenta: “El libro es más un drama, aunque tiene sus momentos cómicos. Pero sentí que, si iba a abordar este tema, tenía que imprimirle mi propia personalidad y estilo. Eso significaba agregar más elementos fantásticos y, obviamente, más humor, para así crear un tipo de danza entre el drama y la sátira”.


Waititi sorprendió a Leunens al crear una especie de riff de jazz de su libro, al mezclar la estructura de su historia en una alegoría absurda de cómo la difusión del miedo puede echar raíces en mentes ingenuas —y cómo el amor puede provenir del lado menos esperado para derribar paredes que ponemos contra otras personas. “Si el libro es una pintura de paneles clásica, la película de Taika es más como el Guernica, de Picasso”, reflexiona Leunens. “Encontró un lugar para todas las secuencias más esenciales, pero le agregó muchos de sus toques personales”.


De hecho, Waitit le aportó a Jojo Rabbit su familiaridad propia e íntima con la omnipresencia de la intolerancia en el mundo actual. “La mayoría del prejuicio que he experimentado ha sido debido al color de mi piel”, explica. “De manera tradicional, en Nueva Zelanda, ha habido prejuicios contra la gente maorí. Lo pude experimentar cuando crecía, y aprendí a restarle importancia, que no es algo bueno, pero haces lo que tengas que hacer. No obstante, creo que terminé por subvertir muchos de esos sentimientos en comedia. Esa es la razón por la cual me siento muy cómodo cuando me burlo de la gente que cree que es inteligente odiar a alguien por quien es”.


Una vez que Waititi comenzó a escribir, quedó enganchado con la idea de que Elsa, la niña judía que emerge de la pared, transforma a Jojo a pesar de sí mismo. “La cosa en la que me enfoqué fue en intentar crear una amistad entre estas dos personas quienes, en sus mentes, son enemigos absolutos. Me gusta la dinámica donde, contrario a lo que Jojo espera, Elsa tiene la mayoría de las cartas y es la que tiene la sartén por el mango”, comenta. “Pero, de igual manera, también están en un callejón sin salida que los une porque ambos se enfrentan a riesgos fatales si su secreto se devela”.

De igual importancia para Waititi fue crear a todos los nazis en la película para que fueran ridículos y objetos de burla, pero también humanos, llenos de los mismos defectos y excentricidades como el resto de nosotros —que hace que su participación en el reino fascista sea mucho más una advertencia aterradora de cuán fácilmente ideologías malvadas pueden echar raíces a gran escala. Esto es particularmente cierto en Jojo, quien en un inicio venera lo que él considera el poderío de Hitler, hasta que ve en Elsa y en su madre una fuerza basada en principios sólidos que es mucho más fuerte.


“Para mí fue importante que, sin lugar a duda, Jojo fuera visto como un niño de diez años que en realidad no sabe nada”, explica Waititi. “En resumen, le encanta la idea de vestirse en uniforme y ser aceptado. Así es como los nazis adoctrinaban a los niños, al hacerlos sentir parte de esta pandilla muy cool”.


Si bien Jojo se hace mayor en el libro de Leunens, Waititi ancla toda la película bajo la perspectiva cándida de un niño de diez años. “Me interesaba la idea de ver la locura de la guerra y el odio —algo que los adultos manifiestan en gran medida— a través de los ojos de un niño”, comenta. “Los adultos tienen que ser supuestamente quienes guíen a los niños y los críen para ser mejores versiones de nosotros mismos. Aunque cuando los niños nos miran en tiempos de guerra, me parece que los adultos se comportan de manera absurda y enloquecen. Así, abordé la historia como la de un niño que intenta entender su mundo de la mejor manera posible, en la época más absurda y caótica de la historia”.


Aun así, Waititi sabía que tenía que darles a las audiencias una razón para seguir a Jojo en su mundo. “Tenía que encontrar maneras de permitir que el público se preocupara por él”, explica. “Una manera fue mostrar que en realidad se siente intimidado, asustado e insignificante ante el esquema más vasto de las cosas, y tiene grandes sueños, así como todos los niños”.


En otra divergencia, Waititi situó un vínculo madre-hijo resiliente al centro de su película. Convirtió a Rosie Betzler no sólo en madre soltera, sino también en una mujer rebelde quien decide que siempre y cuando los ideales de empatía y tolerancia sean llevados al límite, ella trabajará sin temor alguno para defenderlos. A diferencia de Jojo, ella ve de manera muy clara el mundo tóxico que Hitler está forjando, así que su respuesta natural es ayudar, como dice, al “hacer lo que pueda” —que a su manera práctica y apasionada es mucho. Pero eso también significa esconderle la verdad de su vida a Jojo para mantenerlo a salvo, mientras espera que su pequeño hijo entre en razón.


“Hay muchas mujeres poderosas en mi vida, así que también quería que esta historia fuera acerca de una mujer soltera férrea, quien está intentando salvar a su hijo y a otros de esta situación espantosa, pero sin dejar de conservar la inocencia de Jojo al mismo tiempo”, comenta Waititi. “Un punto de referencia fundamental para mí fue ALICE DOESN’T LIVE HERE ANYMORE, de Martin Scorsese. En esa película, siempre me ha encantado la interpretación de Ellen Burstyn como una madre, porque es boba y divertida, y me recuerda a mi madre, así que eso fue algo que busqué para Rosie”.


Si bien la película les abre la puerta a anacronismos tales como canciones de los Beatles y Bowie, Waititi, mientras escribía, se sumergió en libros y documentales de la Segunda Guerra Mundial. “Leí mucho acerca de la psique alemana antes de la guerra, y la cuestión de cómo fue posible adoctrinar a todo un país, cómo abusaron de la desesperación de la gente después de una depresión”, explica. “Vi algunos documentales, como WORLD WAR II IN COLOUR y HITLER’S CHILDREN, THE HILTLER YOUTH, para obtener un sentido de cómo las cosas eran en realidad. Quería ser lo más preciso posible y jugar sólo con la música, la paleta y el lenguaje”.


Entre más escribía Waititi, el despertar de Jojo más parecía reflejar cómo el mundo reaccionó después de la Segunda Guerra Mundial: impactado por la pérdida humana colectiva de la inocencia, y después unirse para confirmar que nunca más se iba a permitir que ideas aborrecibles tomaran las riendas así. Y, empero, los tiempos están cambiando otra vez.

“Justo en el momento que estábamos empezando la producción, comenzamos a ver más y más resurgimiento de esta forma de pensar”, indica Waititi, “y se volvió incluso más urgente contar la historia. Siento que estoy bien acompañado con comedias como THE GREAT DICTATOR, donde nos estamos burlando, pero también estamos intentando advertir de cuán serias las cosas son en la actualidad. También fue un recordatorio de que Hitler era algo reciente en cuando a términos de la historia humana, y que tenemos que seguir hablando de él, porque las dinámicas que lo provocaron todavía no se han ido”.


Waititi nunca se contuvo al momento de escribir, a sabiendas de que para decir lo que quería decir tenía que hacerlo de una manera resuelta. “Como artista siempre quieres desafiarte a ti mismo, y si no me preocupo de que un proyecto puede llegar a ser un desastre, entonces en realidad no vale la pena para mí”, confiesa. “Me gusta que mi trabajo se sienta lo suficientemente peligroso para que cuando lo emprenda pueda fallar. Porque es justo cuando empiezo a batallar, que comienzo a intentar hacerlo de la mejor manera posible, y es bajo ese estado que me vuelvo más creativo e inventivo”.