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¡Ayuda! Sam Raimi ofrece una comedia cargada de incomodidad y brutalidad

  • Foto del escritor: DroideTV
    DroideTV
  • hace 2 minutos
  • 3 Min. de lectura

Rachel McAdams y Dylan O’Brien hacen un dúo tan tóxico como divertido en ¡Ayuda! del director Sam Raimi


¡Ayuda! del director Sam Raimi

Pocos directores se han hecho de un nombre en la cultura pop como Sam Raimi (Hombre Araña, Evil Dead) con títulos que se atreven a caminar sobre la delgada línea entre lo terrorífico y lo cómico. Esta semana nos muestra un ejemplo claro de ello con ¡Ayuda! filme de supervivencia con el guion de Damian Shanon y Mark Swift, quienes ya han trabajado juntos en varios proyectos como Guardianes de la Bahía y Freddy vs Jackson.


La historia sigue a Linda (Rachel McAdams) una genio con los números que, a pesar de sus problemas para encajar dentro de su empresa, está segura de que su nuevo jefe (Dylan O’Brien) le ofrecerá un ascenso. En medio de un viaje de negocios vital para el futuro de Linda, el avión sufre un accidente que los deja varados en una isla donde su insoportable jefe descubrirá que los cargos valen poca cosa a la hora de sobrevivir.


El elenco se complementa con Xavier Samuel, Edyll Ismail, Chris Pang, Emma Raimi, entre otros; no obstante, la mayor parte de la cinta se trata del dueto entre McAdams y O’Brien, quienes logran mantener la atención del público en todo momento en una dinámica que vacila entre el amor y el odio con distintas capas de complejidad que van más allá de la relación laboral jefe-empleada. Si bien el personaje de O’Brien es más arquetípico y está hecho para ser odiado, el de McAddams tiene distintas dimensiones que exploran a lo largo de la cinta, retando a la actriz para integrar todas estas facetas.


Uno de las propuestas más interesantes de la cinta (que puede despertar admiración u odio) es el tipo de humor que manera, generando cierta tensión dramática y jugando con situaciones incomodas (o, dicho de otra manera, el cringe) llevándolas hasta el extremo, para luego soltarse un poco, justo antes de que llegue al punto de lo insoportable. Así, juega con distintos elementos, desde escenarios sociales, hasta fluidos corporales, con algunos guiños que recuerdan el estilo impreso de Raimi en Evil Dead, pero adaptado a un espacio paradisíaco.


La fotografía de Bill Pope con colores vibrantes y tomas panorámicas nos sumergen en el ambiente idílico de la isla, mientras que los planos detalle son bastante atinados para explotar el humor de la cinta, generando cierta sensorialidad que puede ponerle la piel de gallina a los más sensibles. Por su parte, la música de Danny Elfman termina por afinar el ritmo de la comedia y reforzarla a través del sonido.



Si bien la película se enfoca en el entretenimiento y es notorio que el equipo se divirtió bastante en más de una toma, la narrativa no es ni por asomo una vacilada; por el contrario, elabora una delicada dinámica sobre el poder donde una vez que los roles se invierten, los personajes dejan salir sus deseos, frustraciones y heridas de más de una manera. La relación entre ellos no sólo puede verse de forma literal como empleado y empleador, también como una metáfora de las relaciones de género, donde los cuidados pueden ser tanto síntomas del complejo de salvador, como un medio de manipulación.


Ahora bien, la historia presenta muchas conveniencias y varios agujeros de guion que generan demasiadas dudas, especialmente con algunos de los giros de trama que difícilmente pueden sostenerse al lado del resto de la trama. Así pues, es el tipo de películas que se disfrutan sólo si eres capaz de hacerte de la vista gorda con algunos de los detalles. Por otro lado, si bien algunas partes de la trama son predecibles, el camino para llegar ahí te ofrecerá bastantes risas y sangre.


Una buena opción si te gustan las historias difíciles de clasificar y disfrutas de la parte más genuina en el estilo de Sam Raimi. Aquí no hay motosierras, pero al igual que si protagonista, el director se las apaña bastante bien para ofrecernos un momento entretenido lleno de ocurrencias.


Andrea Rodriguez

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