El arte de Pedro Almodóvar de nuevo en pantalla grande con Amarga navidad
- DroideTV

- 28 may
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Amarga navidad narra la estrecha relación entre realidad y ficción, entre la inspiración y la vida, planteando el debate sobre los límites de la autoficción.

Amarga Navidad narra la alternancia de dos historias, una protagonizada por Elsa, una directora de publicidad, en 2004, durante el largo puente de la Constitución de diciembre. La segunda ocurre en 2026, la protagoniza Raúl, un guionista y director que está escribiendo un guion que pronto descubriremos que es la historia de Elsa, su novio Bonifacio y sus amigas Patricia y Natalia. Mezclada con ficción, Elsa, de algún modo, es el alter ego de Raúl, que recurre a la autoficción como solución a una larga temporada de sequía creativa. Mira dentro de sí, y no puede evitar mirar también a las personas que componen su universo más íntimo, que son su compañero y su ayudante.
Entre otros temas, Amarga Navidad reflexiona sobre la creación y su relación con la,realidad, con la vida. Y de cómo una película puede rebelarse contra sí misma, cuestionando su razón de ser. Este juego metacinematográfico y pirandelliano cuestiona también la ética del fabulador. El creador, como en el caso de esta película, recurre a la autoficción para narrar sus diferentes tramas. Habla de sí mismo (de modo críptico) y de cómo todo lo que le rodea le influye (de un modo menos críptico). ¿Existe algo de la vida de los demás que le esté vedado o, como creador, le asiste un derecho ilimitado a inspirarse en todo lo que le rodea, con la única justificación de que la vida de los demás forman parte de su vida y que, por tanto, le pertenecen? ¿Cuáles son los límites de la autoficción? ¿Existen esos límites realmente para el creador hambriento de inspiración, que a veces solo la consigue impregnándose de todo lo que le rodea, incluyendo (y sobre todo) el dolor de los demás?

Raúl Rossetti es un nombre de prestigio, el éxito le acompañó desde sus inicios como guionista y director. Basta ver el lugar donde vive, un diáfano chalet brutalista, con valiosas obras de arte en sus paredes. Frente a la mesa escritorio donde en los últimos cinco años ha luchado por construir un guion que le satisfaga, que le arrebate, como él mismo le confiesa a su asistente Mónica, cuelga un cuadro de Asher Liftin que representa una ventana, del tamaño de una ventana real. Realista, y a la vez una representación de la realidad.
Con esa ventana empiezan los primeros títulos de crédito. A través de esa ventana, el escritor va a observar el exterior más próximo para convertirlo en materia ficcionable. Si nos acercamos al centro del cuadro solo vemos unas líneas abstractas que nunca dan la idea de que estamos frente a una ventana hasta que el cuadro llena toda la pantalla. Es un cuadro hecho con técnica puntillista, lo que le proporciona una cualidad etérea.
"Empezando con este cuadro, desvelándolo, propongo desde el principio que, para el escritor, la realidad externa, la que hay más allá de la ventana, y su propia realidad, conviven en el mismo espacio: el interior de su diáfano chalé. La realidad sobre la que escribirá no ha sobrepasado los límites de ese enorme salón donde tiene su escritorio. La base de su escritura es su vida, camuflada, y las conversaciones tanto físicas como por teléfono con su ayudante de los últimos veinte años, Mónica", comparte Almodóvar.
Para las dos historias, la de Elsa y la del director Raúl, unidas al final por el personaje de Mónica, "decidí dejar un final abierto. El director/escritor ha recibido una lección cruel y definitiva de su asistente y, sin pretenderlo, es Mónica quien le da la clave que andaba buscando para recuperar la pulsión febril de la escritura".

Ese cursor palpitante en la pantalla de su ordenador es el latido de la ficción. Y ese latido es insobornable, no es Raúl quien decide cuando da por terminado el guion que está escribiendo, es el cursor el que lo decide, su latido es más fuerte que el latido de su propio corazón. (El cursor palpitante es el equivalente a la cámara de super 8 frente al cineasta en Arrebato, de Iván Zulueta. El latido de un ser -o de una máquina, o de un monstruo, da igual- antes de engullirte, con el beneplácito de la víctima).
Porque Raúl Rossetti solo vive para narrar historias, historias que le arrebaten; el resto, hasta que las encuentra, es el vacío, la insatisfacción, la falta de sentido.
Amarga Navidad ya está en cines.




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