El Gato con Sombrero: Una aventura con gran corazón que tropieza con sus propias ambiciones

La nueva adaptación de El Gato con Sombrero llega a los cines logrando capturar una esencia genuinamente divertida, pero que por momentos se siente abrumada por su propio ritmo.

En El Gato con Sombrero, la historia sigue al Gato intentando ayudar a dos niños, Gabby y Sebastián a estar de mejor humor durante un día lluvioso en su nuevo hogar, lejos de la ciudad donde vivían. Y una de mis partes favoritas es la evolución de Gabby hacia el final de la cinta. Verla aprender que el cambio no es necesariamente malo, mientras que aprecia más a su mamá, me pareció emotivo y un buen mensaje que dejar a los pequeños. Quienes, por cierto, respondían a la película con risas constantemente.
Sin embargo, la película puede sentirse un poco pesada debido a la cantidad de subtramas que debe resolver, haciéndola durar casi dos horas. Para el tercer acto uno solo quiere que terminen los conflictos. Entre la trama principal de recuperar el “va-p’atrás” que sirve como mcguffin, una casera estricta que quiere echar a la familia, el trabajo en peligro del gato y un ente misterioso que los persigue, la narrativa se vuelve innecesariamente densa. Pudo haber sido mucho más disfrutable con una trama más simple.
Visualmente, aunque llamativa y bien realizada, recurre a la tendencia actual de cambiar de estilo de animación para representar el mundo imaginario. Lamentablemente, este recurso no se siente tan bien ejecutado y la diferencia no se siente suficiente para justificar el cambio de look entre lo que sucede en los mundos “mágicos” comparado con el mundo real.
Otro punto que resta a la experiencia es el doblaje. Aunque los actores de voz en español hacen un buen trabajo, Alfonso Herrera es irreconocible como el gato, el texto original depende demasiado de juegos de palabras y rimas que simplemente no logran aterrizar en nuestro idioma. Salvo por destellos como la ingeniosa traducción de "pig in a wig" a "puerquín con peluquín", las demás adaptaciones no dan el ancho, dejando la sensación de que la película debe disfrutarse mucho más en su idioma original.
A pesar de sus tropiezos en el ritmo, la saturación de subtramas y la barrera del idioma en los chistes, El Gato con Sombrero ofrece un mensaje valioso y risas garantizadas para los más pequeños, aunque los adultos puedan terminar un poco agotados antes de los créditos finales. Créditos que cuentan con una canción de Hilary Duff hecha específicamente para la película.





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