Familia en Renta: Fraser regresa en conmovedor filme sobre las conexiones humanas
- DroideTV

- 8 ene
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Familia en Renta nos lleva a recorrer distintos sitios de Tokio y la cultura japonesa.

Enero viene con algunos de los estrenos más esperados, simplemente esta semana tenemos Familia en Renta, un filme de Hikari (Bronca, 37 Segundos) quien también coescribió el guion junto a Stephen Blahut. La cinta ha recibido hasta ahora 16 nominaciones y ha ganado varios reconocimientos en su camino, como el premio a la elección del público del Festival Internacional de Cine de Chicago.
La cinta nos presenta a Philip (Brendan Fraser) un actor estadounidense que lleva siete años viviendo en Japón, buscando el papel que le abra las puertas al estrellato, cuando es contactado por una agencia de “familias de alquiler” dirigida por Tada (Takehiro Hira) que le propone darle un giro a su carrera interpretando distintos roles en las vidas de otras personas, un negocio donde las líneas de la ficción y la realidad se vuelven borrosas y en medio de ese limbo, encuentra una experiencia revitalizante.
El elenco se complementa con Mari Yamamoto, Kimura Bun, Akira Emoto, entre otros. Si La Ballena fue el gran regreso de Fraser, esta película demuestra el paso firme con el que avanza su carrera, dándonos un amplio rango a través de un extranjero que busca su lugar entre vidas ajenas. El resto del equipo hace una excelente mancuerna: Yamamoto le hace contrapeso al rol de Fraser, mostrando el lado más oscuro del trabajo; mientras que Emoto delinea la perspectiva de la historia, junto a otros actores clave.
En primer lugar, vale destacar que el carácter binacional de la cinta atraviesa toda la historia; aquí Japón no es un mero decorado estético, sino que nos sumergimos junto a Fraser en los choques culturales y la idiosincrasia del país, dando un enfoque diferente al acostumbrado tanto en su mensaje, como en su narrativa y ejecución. En este aspecto, también se suma la fotografía de Stephen Blahut y Takuro Ishizaka, que juegan con los encuadres, ya sea para mostrarnos imponentes paisajes o momentos cotidianos e íntimos que nos adentran en el mundo emocional de los personajes.
Uno de los fuertes de la cinta es su guion y la manera en que nos lleva de la mano por distintos matices. Desde un punto neutral, que no juzga la naturaleza transaccional de este trabajo, la cinta va y viene entre la soledad, la búsqueda de propósito, el sentido de pertenencia, así como las conexiones humanas, tan imperfectas y espontáneas como pueden resultar.
Otro elemento interesante está en la manera en que los diálogos se relacionan con los eventos de la historia, haciendo cierto eco y generando una sensación de circularidad. Por ello, también puede decirse que cuenta con distintos niveles de lectura y subtemas que nos pueden llevar hasta una especie de metáfora sobre el valor del trabajo actoral para despertarnos sensaciones genuinas a través de la ficción.
La película tiene un tono cálido, si bien tiene momentos dramáticos y algunas tensiones que tocan fibras emocionales, siempre se maneja dentro de cierto margen, evitando el sentimentalismo barato o la explotación del drama, manteniéndose sobre la línea del feel-good al más puro estilo japones, lo que la convierte en una experiencia reconfortante para el público. Así, en general se trata de una obra bien estructurada y una dirección definida que te permitirá conectar con distintas emociones de principio a fin. Una buena opción si necesitas un poco de optimismo para comenzar el año.





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