La caída de la ballena: Josh Brolin y Austin Abrams protagonizan thriller de supervivencia

Basada en la novela de Daniel Kraus, La caída de la ballena explora la relación padre-hijo.

Un hombre adentro de la ballena podría parecer algo meramente bíblico, hasta que Daniel Kraus decidió convertirlo en una novela con su propia aproximación que mezcla ciencia y poesía de un modo particular. Ahora, el libro pasa a la pantalla grande con La caída de la ballena, cinta dirigida por Brian Duffield, quien coescribió el guion junto al propio Kraus.
La historia sigue a Jay Gardiner, quien en el aniversario de la muerte de su padre (Josh Brolin) decide hacer una excursión especial en la costa central de California con la esperanza de aliviar un poco del resentimiento alrededor del fallecimiento. Sin embargo, lo que empezó como una buena intención se volverá en una lucha por su vida cuando sea devorado por una ballena, con menos de una hora de oxígeno disponible.
En el elenco también encontramos a Elisabeth Shue, John Ortiz, Jane, Levy, Emily Rudd, Sam Franich, Grayson Paul Solomine. Vale decir que la dupla entre Brolin y Abrams es el principal sostén de la trama. Si bien en momentos pueden sentirse similares a otros roles que han mostrado en este año, tienen los matices pertinentes para mostrarnos algo sumamente cercano para muchos: un padre que no sabe acercarse a su hijo y un hijo que siente que nunca fue lo suficiente para su padre y la dupla sabe reflejarlo muy bien.
Uno de los grandes fuertes de la película es su capacidad para generar tensión y expectativa. Si bien la premisa nos podría parecer descabellada, la ejecución se encarga de mantenerte atento y con una constante sensación de claustrofobia. Tanto las tomas como el maquillaje, los efectos y los sets hacen que podamos sumergirnos en la historia junto a Jay.
La fotografía de Aaron Morton en ocasiones es opaca, especialmente al principio, y el valor de los colores es cambiante, pero las escenas marinas resultan llamativas. En buena parte, su trabajo reluce más en los momentos en que la historia da saltos hacia el pasado y el color se vuelve parte de la representación del deterioro en la relación de Jay con su padre. Por otro lado, la música de Joseph Trapanese acompaña los distintos estados por los que atraviesa esta película, permitiendo dar el tinte emocional que busca.
El principal talón de Aquiles es la forma abrupta en la que cambia de ritmo y tono en determinados arcos. La cinta es un thriller de supervivencia cuyo centro es la relación padre-hijo sobre la cuál se construye un drama igual de complejo sobre las expectativas, la falta de comunicación, la masculinidad, la agonía, entre otros temas que se tocan superficialmente hasta que llega un momento de introspección justo cuando se asumiría que vendría el clímax. Este cambio de ritmo puede extrañar a más de uno, incluso cuando la cinta se las ingenia para justificarlo de la mejor manera que puede.
Personalmente, creo que la parte reflexiva tiene un gran valor cinematográfico, se cuela cierto afán poético en la manera en que la ballena deja de ser una amenaza, para volverse toda una metáfora alrededor del carácter del padre. Sin embargo, no estoy segura de si termina de encajar con la adrenalina que se muestra antes de ese punto o incluso si aterriza sobre los argumentos necesarios para llegar a la conclusión. Dicho esto, probablemente a más de uno llegue a sentirse identificado.
En general, es una película con una propuesta que va más allá de la tensión de poner a su protagonista en condiciones extremas y utiliza el buceo para mostrar las dificultades en las relaciones padre e hijo, con algunas escenas que pueden llegar a ser reconfortantes a cierto punto. No estoy segura de si fue la mejor ejecución, pero tiene lo necesario para encontrar un público que la aprecie. Una opción si buscas una aventura marina que combina ciencia y poesía en la pantalla.





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