Resident Evil: Noche Cero, el director de Weapons le da un nuevo enfoque a su adaptación

Resident Evil: Noche Cero combina humor y suspenso de una forma que sólo Cregger podría lograr

Sin dudas pocos juegos de supervivencia tienen la popularidad de Resident Evil, por lo que no es de sorprender que sus adaptaciones al cine llamen la atención tanto a jugadores y público general. Este fin de semana llega la adaptación más reciente, Resident Evil: Noche Cero de la mano del director Zach Cregger (La hora de la desaparición, Bárbaro) quien coescribió el guion junto a Shay Hatten (John Wick 4, Ejército de los muertos).
La cinta se centra en Bryan (Austin Abrams) un mensajero médico que se ofrece para realizar una entrega especial aparentemente simple, sin darse cuenta de que el clima será el menor de sus problemas en un trayecto que pondrá a prueba toda clase de límites, tanto físicos como mentales y éticos.
El elenco está formado por Kali Reis, Zach Cherry, Paul Walter Hauser, Johnno Wilson, Devon Stewart, entre otros. En este caso, Abrams brilla como protagonista, sosteniendo una historia en la que está solo la mayor parte del tiempo, por lo que la cinta se sostiene de su capacidad para capturar la atención del público a lo largo de su travesía, que irá desde los tropiezos más graciosos, hasta la desesperanza.
La fotografía de Dariusz Wolski crea ambientes cargados de tensión en los que los lugares por sí solos anticipan la sensación de peligro, utilizando texturas, colores e iluminación que recuerda al terror elevado, aunque en momentos las texturas de los efectos (especialmente los digitales) y el maquillaje hagan que se pierda ese estilo y se sienta más cercano a un videojuego con animación hiperrealista. Por otro lado, las tomas en primera persona facilitan que el espectador se sienta en los zapatos de Bryan a la vez que hace referencia a su material de origen.
Uno de los mejores aciertos de la cinta es el sonido, especialmente en el uso del silencio para incrementar la percepción de la soledad e incertidumbre en las escenas terroríficas. Así, el sonido apuesta por una estrategia opuesta a los jump scares y en su lugar acentúa la soledad y el silencio como un factor adicional para mantenerse alerta ante el mínimo indicio de que el peligro está cerca.
Ahora bien, la ejecución hace un cruce arriesgado: mezclar terror y comedia. Si bien hay muchos ejemplos de ello en el cine, está cinta maneja polos opuestos: un terror de supervivencia que muestra escenarios desesperanzadores que retan constantemente las capacidades del protagonista, junto a un humor más simplón donde la torpeza, la ironía y las situaciones incómodas toman el control de varias escenas. Si bien hay escenas verosímiles donde la combinación funciona, en otras ocasiones, la comedia debilita la tensión construida, especialmente en el arco final.
En lo personal, me parece refrescante el enfoque de la cinta y creo que enfatiza en los elementos que hacen disfrutable a un título de supervivencia como Resident Evil: municiones limitadas, información a cuentagotas y un protagonista inepto tratando de salvar su pellejo frente a monstruos que podrían darle pesadillas a cualquiera. El terror está bien construido, mientras que el personaje llega a ser desesperante de una forma extrañamente disfrutable.
Así pues, se trata de una propuesta que se aleja de la acción clásica y se enfoca más en el terror y la desesperación, tomando la torpeza del protagonista como un punto para no tomarse tan en serio y provocar algunas risas (en ocasiones incómodas) en el camino. Además, se trata de una historia aparte en la que no necesitas conocer nada del juego, pero si eres fanático del mismo, encontrarás más de un guiño. Al igual que en La hora de la desaparición, se trata de una historia que puede exasperarte o fascinarte, pero no te dejará indiferente. Una buena opción si quieres algo con un espíritu indie, pero que al mismo tiempo tiene aires de su fuente original.





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