Amarga Navidad, la autoficción “definitiva” de Pedro Almodóvar
- DroideTV

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Amarga Navidad de Pedro Almodóvar juega con los límites de la ficción y la realidad en varios niveles.

El próximo 28 de mayo se estrena Amarga Navidad la cinta más reciente de Pedro Almódovar después de La habitación de al lado y Extraña forma de vida. El filme se presentó en el 79 Festival de Cine de Cannes y compite por la Palma de Oro. Durante el festival describió a esta producción como la ficción “definitiva” sobre sí mismo.
La historia nos presenta a Raúl (Leonardo Sbaraglia) un director obsesionado con escribir una nueva historia que lo convenza para volver a filmar. Así, comienza a escribir sobre Elsa (Bárbara Lennie) quien sufre un ataque de pánico durante el puente de diciembre, lo que la obliga a buscar cualquier remedio que pueda aliviar sus síntomas, acompañada de Bonifacio (Patrick Criado) su pareja y su amiga Patricia (Victoria Luengo).
El elenco principal se completa con Aitana Sánchez-Gijón, Quim Gutiérrez y Milena Smit. Lennie sabe cargar con el protagonismo y funcionar como un puente entre ambas historias, a la vez que se encarga de varios de los momentos más dramáticos. Por su lado, Sbaraglia y Sánchez-Gijón hacen un excelente dúo, especialmente hacia el final de la película, en la que se interpelan muchas de las reflexiones, temores y autocríticas del propio Almodóvar en uno de los momentos clímax de la cinta.

Similar a La habitación de al lado, la fotografía de Pau Esteve Birba utiliza colores vibrantes y contrastantes para crear una atmosfera propia, especialmente en la historia de Elsa, generando así un estilo visual con el que engloba este universo, aunque vemos ecos de ese estilo en la historia de Raúl, lo que conserva la unidad estilística de la cinta. Este sello se complementa con la música de Alberto Iglesias, que termina de desarrollar los ambientes de las escenas. Adicional, la cinta cuenta con la participación de Amaia Romero en una interpretación conmovedora de “Las simples cosas”.
Narrativamente hablando, la película es un caos controlado: al principio no tenemos mucha idea de hacia donde se dirige la historia o cómo se relacionan los personajes entre sí, pero se trata de algo intencional en donde las piezas van cayendo en su sitio conforme avanza la cinta hasta que tenemos frente a nosotros una radiografía del proceso creativo del director (llámese Raúl o Almodóvar) y la manera en la que cada uno de los personajes representan una faceta distinta de sus mejores y peores cualidades, dejándose completamente expuesto detrás de un artefacto narrativo bastante sofisticado.
El mismo Almodóvar comentó que se trata de una historia de perdedores, aquí hay diferentes duelos y pérdidas, desde las más palpables y desgarradoras como la muerte de un hijo o una madre, hasta las más abstractas (y a la vez personales) como la pérdida del impulso creativo, la vejez o las relaciones que se enfrían lentamente. Almodóvar tiene una sensibilidad delicada para manejar distintas subtramas que te hacen estallar de risa a la par que te mueven internamente, todo esto con Chabela Vargas de fondo.
En momentos puede resultar egocéntrica, incluso narcisista, pero también bastante franca en su manera de volver a sus personajes odiables y cuestionables al mostrar sus sombras y sus puntos más bajos. En general, una autoficción intrincada que tiene la suficiente autoconciencia para reírse de sí misma, a la par de deja diálogos brillantes. Almodóvar decide vulnerarse utilizando la forma como un refugio para todo lo que tiene por decir. Una buena opción si eres fanático del estilo del director o buscas una metaficción con sus propias reglas.





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