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Benedict Cumberbatch platica sobre su papel en "Una Guerra Brillante"


El hombre elegido para interpretar a Edison, Benedict Cumberbatch, ya estaba a bordo cuando el director Alfonso Gómez-Rejón tomó las riendas.

Cumberbatch había quedado fascinado por el guion desde su escena inicial. En él, Edison –a quien llamaban el “Mago de Menlo Park”– deslumbra en una convocatoria de peces gordos de Nueva York con la iluminación de un campo invernal con bombillas de luz gigantes. “Todo lo que se ve es una ola de pieles y galeras y polainas de seda cubriéndose de barro”, cuenta Cumberbatch, reviviendo su primera impresión. Entonces, a lo lejos, se divisa una brasa de cigarro. Luego, el sonido del accionar del interruptor, el estallido y el crujido de todas estas bombitas que se encienden. Daba la idea de un hombre arrastrando dinero a un campo fangoso y jugando a ser dios –generando luz de la oscuridad. Era un comienzo deslumbrante”, recuerda.


Para Gómez-Rejón, que se incorporó después de Cumberbatch, la elección de este actor era perfecta. “Hubiera sido mi primera opción”, afirma. “Su curiosidad era tan contagiosa, y su energía hacía que el set se sintiera sumamente vivo. Además, abordó tan fácilmente el lado oscuro de Edison”. Del mismo modo, Cumberbatch habla cálidamente de la colaboración. “Cada vez que me sentía inseguro por el acento o por estar lejos de la experiencia de Edison e inconscientemente entraba en el terreno de hacer algo seguro, me decía: ‘Vamos, hombre, no tienes que preocuparte. Arriésgate’. Yo sentía que no necesitaba entretener, ni explicar ni mostrar; simplemente podía ser este personaje. Me encantó trabajar con él”.


Conociendo solo las pinceladas más generales de Edison antes de asumir el papel, Cumberbatch descubrió rápidamente una vida rebosante de matices y complejidad. “Creo que me habían vendido la idea de él como el inventor de la era moderna en Estados Unidos, en lugar de las complejidades de lo que eso implicaba”, manifiesta. “En realidad, él fue en cierto modo menos que eso, pero también más que eso”.


El actor, no sólo fue capaz de encarnar la habilidad, la crueldad y creatividad legendarias de Edison, sino que además capturó otro lado menos conocido del hombre: su lado humano. “Benedict es un tipo chistoso, sencillo y accesible”, señala el guionista Michael Iwanyk, “y el lado que le aporta a Edison es el de chistoso, charlatán, exuberante y el que le gusta dominar el salón”. Como explica el productor, Edison tenía una comprensión casi profética del poder de celebridad. “Él es una estrella de cine, adopta esa persona e impulsa esa energía para dominar la habitación. Nunca había visto ese lado de Benedict”.

Por supuesto, la intransigente visión del mundo de Edison lo lleva a un terreno turbio a medida que se desarrolla la película. Su sed de derrotar a Westinghouse lo llevará a quebrantar su principio más firme: nunca ayudar a quitar una vida. “La ironía de ese tipo que colabora en la creación de la silla eléctrica para ganar la Guerra de las Corrientes es realmente triste”, asevera Iwanyk. “Edison pierde su moral rectora al principio de la película, y así pierde su camino”.


“Lo miré a Alfonso y le dije, ‘Estoy perdiendo la empatía con Edison’”, añade Cumberbatch. “Entonces, me preguntó, ‘¿Por qué? Es un ser humano’. Está lidiando con una mente extraordinaria a la que no entiende, con Tesla, tiene una convicción muy fuerte y apuesta todo su dinero en un caballo, pero lo genial de él es que se levanta y se lanza a otro campo de invención”.


Cumberbatch describe a Edison no como el villano, sino como el “héroe caído” de la historia. “Se trata de despojar al hombre de la imagen que guarda de sí mismo como un dios de la industria –un Steve Jobs o Bill Gates o Mark Zuckerberg– a la imagen de perdedor amargado. Pero luego se sacude el polvo y se pone nuevamente en carrera en busca de un nuevo premio. Las ruedas no paran de girar en su cabeza por estar atascado en una batalla y la lucha contra los casos judiciales sobre las patentes, todavía está haciendo cosas buenas a la vez. Es un hombre extraordinario con muchos, pero muchos defectos humanos”.