Street Fighter: Noah Centineo y Andrew Koji estelarizan alocada adaptación

Street Fighter mezcla acción, comedia y varios guiños para los jugadores.

Este fin de semana se estrena una de las adaptaciones de videojuegos más esperadas del año: Street Fighter, la cual cuenta con la dirección de Kitao Sakurai (Aardvark, Un mal viaje) quien también trabajó en el guión junto a T.J. Fixman (Equipaje de mano, Ratchet y Clank: la película) y Dalan Musson (Falcón y el Soldado del Invierno). Los avances de la cinta han resultado muy prometedores, especialmente por las caracterizaciones de los actores, pero ¿estará a la altura de lo que espera el público?
La historia transcurre en 1993 con Ryu (Andrew Koji) desaparecido tras la muerte de su mentor, mientras su compañero, Ken Masters (Noah Centineo) lidia con las consecuencias de la fama y sus propios complejos. Los dos recibirán una invitación de Chun-Li (Callina Liang) para participar en el próximo Torneo Mundial de Guerreros y demostrar quién es el mejor. Ryu sabe que detrás de esta competencia hay fuerzas oscuras capaces de amenazar al mundo, por lo que tratará de convencer a su hermano de mantenerse al margen, mientras una competencia siniestra ocurre en las sombras.
En el elenco también se encuentran David Dastmalchian, Cody Rhodes, Joe Anoa’i. Jason Momoa, Andrew Schulz, Eric André, 50 Cent, Mel Jarnson, Don Lee, Orville Peck, Hirooki Goto, Oliver Richters, Rayna Vallandingham, entre otros. En buena medida, el centro de la cinta son Centeno, Koji y Liang, cada uno aportando algo distinto a la historia y cada uno con sus propios intereses y problemas que se relacionan e interactúan entre sí. Dastmalchian es un villano entretenido, caricaturezco a ratos, pero en un buen sentido del que esperas (y probablemente el equipo también) que se convierta en material para memes. Los demás tienen apariciones más breves, pero entretenidas, cada uno brillando con su propia luz.
Uno de los fuertes de la cinta es que se atreve a alocarse y experimentar combinando una animación de estilo retro con la fotografía de Ken Seng, donde predomina una vibrante paleta de colores, tomas rápidas y más de un montaje que busca resaltar lo mejor de las peleas. Todo al ritmo de la música de Leo Birenberg y Zach Robinson, quienes toman algunas de las canciones del repertorio de la época y los propios temas del juego para crear un ambiente particular pensado en los jugadores más veteranos. Si bien en momentos las pistas no se acoplan del todo a la cinta, la selección resultante es bastante decente.
Quizás su principal problema es el ritmo, ya que al tener tantos personajes y distintas subtramas, se toma bastante tiempo para explicar el preámbulo antes de llegar al torneo (y las peleas como tal) por lo que el inicio se siente lento, mientras que el final es más atiborrado con expectativas a una posible secuela que hacen que el final sea un tanto abierto, especialmente para los que no son fanáticos de los juegos.
Las caracterizaciones no se quedan sólo en lo estético: se nota que todo el equipo conoce a los personajes, trata de imprimirles su esencia e incluso hacen algunas bromas al respecto de algunas de sus características. El mundo en el que se mueven es alocado y exagerado, por lo que pueden permitirse hacer actuaciones al estilo y se disfrutan como una aventura de la que ya sabes el tono que esperas.
Por otro lado, las coreografías de las peleas son algo irregulares, ya que algunos de los enfrentamientos más casuales están muy bien ejecutados en cuanto a la dirección de la cámara y la sucesión en sí, mientras que otras pasan fuera de cámara y un par de las más esperadas se sienten confusas con montajes que sobrecargan la experiencia en lugar de darle dinamismo. También vale mencionar que en algunas ocasiones gana la intención de hacer un chiste o mostrar una referencia en lugar de darle agilidad a la historia, por lo que en momentos se siente que no va a alguna dirección en particular.
Así pues, es una cinta divertida, entretenida y con una propuesta de ejecución bastante interesante que trata de trasladar a la película la esencia de Street Fighter, pero que en ocasiones se complica de más para llegar a ello. Lo más seguro es que tendrá opiniones mixtas, pero sin duda tendrá más de un fanático que disfrutará de la cinta y pasará un buen momento a verla. Una buena opción si quieres ver peleas donde todo vale y una historia de amigos, prácticamente hermanos, enfrentando lo peor, tanto del mundo, como de ellos mismos.





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