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Sólo por una noche: Monica Barbaro y Callum Turner estelarizan romcom distópica

  • Foto del escritor: DroideTV
    DroideTV
  • hace 2 minutos
  • 3 min de lectura

Sólo por una noche maneja una extraña premisa, humor intenso y una química divertida.


Sólo por una noche

¿Y si La Purga fuera una comedia romántica? Esa es la forma más rápida de resumir Sólo por una noche la nueva película de Will Gluck (Se dice de mí, Amigos con beneficios) con el guion de Travis Braun (Monstruos a la obra) el cual tiene también de la cosecha de Gluck para esta adaptación al cine. Así, Braun y Gluck nos presentan una distopia que en cualquier otro momento de la historia sonaría descabellada, pero suena bastante plausible en una época donde se está considerando el voto por familia.


La historia se localiza en una Nueva York casi distópica donde el sexo premarital ha sido prohibido y monitoreado exhaustivamente, excepto por una sola noche de liberación sexual y desenfreno. En medio del furor de la noche, Owen (Callum Turner) busca volver al ruedo después de que le rompieran el corazón, mientras que Allie (Monica Barbaro) aprovecha la noche para buscar una conexión real. Sus caminos se cruzarán en sus intentos por sobrellevar la noche.


En el elenco también encontramos a Maya Hawke, Molly Ringwald, Julia Fox, LeVar Burton, King Princess, entre otros. Vale decir que los personajes son divertidos y tienen ciertos matices que los hacen cercanos e identificables. Barbaro es el corazón de la historia con un arco de personaje que llega a abarcar más que el romance, mientras Turner complementa con un “buen chico” en las distintas extensiones de la palabra con una desgracia que hace que empaticemos casi de inmediato.


Narrativamente hablando, la cinta es extravagante hasta límites incómodos, pero logra funcionar de un modo inusual. Desde la premisa hasta las distintas desventuras de los protagonistas rozan con lo inverosímil y más de una conveniencia de guion, pero la ejecución logra que nos adentremos en este mundo distópico y queramos saber cómo terminarán la noche los protagonistas. Sin bien el final es evidente desde el principio, Braun y Gluck se encargan de que el viaje sea entretenido.


Adicionalmente, la cinta no sólo juega con el humor en cuanto a las situaciones o diálogos, también en la música, convirtiendo clásicos del dos mil que encajan con el género en chascarrillos peculiares. Por otro lado, la fotografía de Yaron Orbach destaca el brillo y el color de la ciudad que nunca duerme, con escenas nocturnas vivaces y cálidas que le dan ese toque idílico y a la vez pulcro de romance contemporáneo.


El tono de la cinta es una particularidad que estira los límites de su género y su discurso, pero funciona bastante bien para el clima social actual. Por un lado, tiene un humor alocado con más de una sorpresa que no sabrás de dónde salió, incluso llegas a disfrutar la frustración de los personajes; pero al mismo tiempo, sigue siendo una historia sumamente romántica con un mensaje de trasfondo que fácilmente puede aplicarse al mundo de las citas, especialmente en los tiempos del match.



Por otro lado, la cinta tiene la extraña capacidad de ser desvergonzadamente explícita, hablar de genitales, fetiches, tabúes y libertad sexual de un modo espontáneo y normalizado, pero al mismo tiempo sostenerse sobre ideas conservadoras que terminan predominando el discurso del filme. El final resulta lógico después de todo lo expuesto en la cinta y resuena bastante con el hartazgo de cierto sector de la población, en especial los más jóvenes. Aunque preocupa un poco la manera tan despreocupada en la que se presentan ideas que pueden caer en la ultraderecha sin realmente profundizar en sus implicaciones o tener los matices necesarios para contenerlo.


En general, una idea extraña con una ejecución que la convierte entretenida con la increíble voz de Barbaro sonando en el fondo. Dada su naturaleza, es un hecho que las reacciones serán mixtas: o te incomodará hasta el fastidio o saldrás con un espíritu romántico renovado y ganas de una pizza. Una opción para quien busca una comedia romántica fuera de lo común, con un estilo de Gluck un poco menos perspicaz, pero siempre ocurrente.

Andrea Rodriguez

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