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El llanto de las animas (Parte I)


Las luces que se colaban por los vitrales calaban un poco por ser demasiado brillantes, Bernardo sentado en el banco de esa iglesia se sentía bastante incomodo. No le gustaba mucho ir a ese tipo de entrevistas, pero su labor como periodista lo obligaba a hacerlo y aun mas después de que casi pierde el empleo por hacer fotos intimas del político del momento, el horno no estaba para bollos y el mas que nadie lo sabía. Su jefe había sido indulgente al “perdonarle” su falta y permitirle quedarse en ese periódico una temporada mas.


Bernardo estaba impaciente, había concertado la cita para ese día a la una de la tarde, ya era la una y media y no había señales de su entrevistado. Se acomodó en el banco y sacó su libreta de apuntes por enésima vez en esos últimos 10 minutos: “Entrevista Padre Alexandro Roa. Iglesia de Santa Catarina. 1:00 P.M. Tema: “Animas y Exorcismos”. “Vaya tema mas sensacionalista y de mal gusto” pensó para si mismo al leer la nota de la entrevista. No le agradaban esos temas, le resultaban repugnantes y al mismo tiempo una verdadera farsa, honestamente se consideraba esceptico en todo sentido y en un menor grado, ateo.


Pero se le pagaba para esto, así que solo lo que debía hacer es entrar, hacerle las preguntas al sacerdote, que contara su gran historia de vida y salir de ahí corriendo al menor tiempo posible. Miró la puerta del despacho del sacerdote mientras un inquietante silencio inundaba el pasillo en el que estaba sentado, comenzaba a inquietarse, ni siquiera se escuchaban los rezos de las personas que habían decidido acudir ese día a “expiar” sus pecados, generalmente de manera hipócrita. Por fin un pequeño ruido en el despacho y la puerta se abrió saliendo de allí un sacerdote alto, de cabello entrecano y que media mas de 1.85 de estatura, lo cual a Bernardo le sorprendió un poco, ya que no había visto un sacerdote con esas características en mucho tiempo, hasta le parecía raro que hubiera sacerdotes de ese tipo, todos eran chaparros, gordos y calvos. Detrás de esa mole con sotana salió una pequeña mujer con un bebe en brazos, parecía que hubiera llorado pero tenía una enorme sonrisa en su rostro.


-Gracias padre Alexandro, es usted un verdadero santo al ayudarme. Gracias, Gracias, Gracias- ante cada “gracias” la mujer besaba la mano del presbítero quien solamente la miraba con compasión.

-Señora, usted no tiene nada que agradecer, esto lo hago con todo gusto y espero que en lo sucesivo pueda recobrar su paz mental. La de usted y la de su hijo- dijo con un gesto paternal a la señora.


Bernardo se quedó mirando la escena un tanto atónito el comportamiento de ese sacerdote, pues aunque su porte demostraba autoridad y respeto pareciera que fuese tierno como un niño pequeño y tan solidario que es capaz de ayudar a quien lo necesitara sin pedir nada a cambio. La mujer por fin soltó la mano del sacerdote y se alejò por el pasillo interrumpiendo el pesado silencio con el sonido de sus pasos que resonaban por el pasillo. Una vez que hubo desaparecido, el sacerdote se volvió a Bernardo, ahora con un gesto impávido y frio.


-Buenas tardes, disculpe la demora, pero mis asuntos a veces me demandan mucho tiempo para concluirlos. Por favor pase- le dijo al reportero haciéndose a un lado y haciendo un gesto con su mano de que ingresara al despacho. Bernardo se puso de pie y camino hacia adentro, el lugar era pulcro y silencioso, con grandes ventanas que daban mucha luz y dejaban entrar una ventilación aun mejor, una pantalla de 32 pulgadas dejaba ver las noticias vespertinas a un volumen apenas audible, un reloj sonaba con su incansable tic tac sobre el escritorio de caoba brillante. Ambas paredes estaban rebosando de libros de diversos temas pero el que sobresalía de todos era el de asuntos paranormales, exorcismos e historias de fantasmas, incluso tenía entre su colección la obra del aclamado escritor Stephen King y del brillante Edgar Allan Poe, la clase de literatura que no espera uno encontrarse en la biblioteca de un sacerdote.


Bernardo se quedó parado en medio de la estancia mientras el padre Alexandro cerraba la puerta. El presbitero atravesò la estancia con pasos decididos, y se puso a un costado del periodista.


-¿Puedo ofrecerle un café o quizás algo mas fuerte?- le dijo mientras caminaba hacia un librero donde había una palangana con frascos que contenían whisky, brandy y vodka a juzgar por el color del liquido dentro de las botellas.

-Claro, whisky en las rocas si no es molestia- respondió sentándose en la silla frente al escritorio.

-Claro que no lo es, por favor póngase cómodo- el sacerdote sirvió dos vasos con hielo y agrego Whisky a la mitad del vaso, mientras tanto el periodista ponìa sobre el escritorio sus herramientas para desarrollar la entrevista: una grabadora, suficiente cinta y una libreta de notas. Pareciera una escena de la película “Entrevista con el Vampiro” solo que esta vez iba a entrevistar a uno de los buenos según la perspectiva popular.


Alexandro regreso con ambos vasos con hielo y licor, puso uno frente a Bernardo llevándose el suyo a su lado y tomando asiento en el gran sillòn detrás de la caoba. Dio un pequeño sorbo al alcohol antes de hablar con voz firme:


-Vayamos al grano, señor. Se que estas aquí por una entrevista para tu periódico amarillista y sensacionalista. Ustedes creen que puedo contarles las mejores historias de fantasmas pero no es así, incluso en su mirada puedo notar la incredulidad, se le nota a leguas. Así que antes de empezar le preguntarè algo: ¿Usted va a escuchar solo por cumplir con su trabajo y salir cuanto antes de aquí o tomarà el debido respeto a mi ocupación y tomarà también con seriedad lo que está a punto de escuchar de mi boca?. Creame que una entrevista fallida no le servirà de nada en su historial como periodista dado su reciente romance con el político que nos gobierna ahora- dijo el sacerdote con autoridad que sorprendió en cierta medida a Bernardo, sobre todo la parte del alcohol,


¿Cómo diablos lo sabría ese ensotanado?. Debía ser prudente con su contestación pues aunque le doliera aceptarlo, tenía razón, una metida de pata mas y perderìa su empleo.

-Descuide, padre esta será una seria entrevista completamente seria y profesional, créame que usted leerà una buena nota con respecto a lo que aquí se platique- dijo Bernardo con falsa cortesìa, la verdad es que no le importaba que lo notara pero si le importaba conservar su empleo. El sacerdote no dijo nada, solo con un gesto indicó que comenzara la entrevista, Bernardo puso una cinta en la grabadora y presionò el botón de grabar.

-Muy bien comencemos con el principio, ¿Cuál es su nombre y a que se dedica?- pregunto Bernardo

-Me llamo Alexandro Roa, tengo 49 años y soy sacerdote. Me especializo en exorcismos y atender asuntos de índole psíquico. En lenguaje vulgar dirías que soy un cazafantasmas, pero solamente en lenguaje vulgar. Mi puesto como sacerdote me impide hacer publico que me dedico a tal cosa puesto que debo tener seriedad en mi posición, pero cada cierto tiempo hay casos que debo tomar porque rebasan los limites de las personas. Si lo pregunta, si, soy un exorcista pero no solo de gente, también de lugares y recintos.

-Suponìa que los exorcismos solamente se trataba de personas-

-Primer error, un exorcismo se refiere a expulsar seres que se han apoderado de un recinto: un cuerpo humano, una casa, una habitación. No solamente de un cuerpo humano, es por eso que la creencia popular esta tan equivocada en cuanto al tema de los exorcismos. La realidad es esta, si un espíritu o entidad maligna se apodera de una persona o lugar soy yo quien se dedica a expulsarlos de ahí-

-Serà interesante poder escuchar las anécdotas que pueda contarse con respecto a sus experiencias expulsando a los espíritus malignos-

-Pues bien, todo comienza por algo y desde que yo era seminarista había descubierto que poseìa ciertas habilidades perceptivas. Obviamente los guardaba para mi mismo para que no me tacharan de loco o peor, que me echaran del seminario. Muchos años tuve que callarme mis habilidades, mi familia jamás me creyó y por eso me obligaron a entrar al seminario como escarmiento a mis locas fantasías. Era bastante frustrante tener que lidiar con eso yo solo, pero no había mas remedio, no me iba a quedar tirado llorando en un rincón sino que iba a tratar de buscar mi valor como fuera. Siempre estaba atento en mis clases del seminario pero al mismo tiempo pasaba horas a solas meditando y concentrándome en no dejarme caer por lo que veía en cada rincón del seminario e incluso en la calle- se detuvo un momento para beber un sorbo de su copa de Whisky.


Bernardo aprovechó para opinar: -Entonces usted sacò adelante esas habilidades completamente solo. Creo que es un patròn, las personas que tienen ese tipo de habilidades terminan solas ya que en definitiva nadie les cree-

-En efecto, pero depende de uno que eso le afecte o no. En mi caso nunca lo permitì en ningún sentido. Durante mi estancia en el seminario podía ver cosas y escucharlas, por ejemplo cada noche en mi dormitorio una mujer sin ojos rondaba por la habitación y siempre se detenía al lado derecho de mi cama. Se quedaba ahí parada casi toda la noche pero jamás me tocò. Sentìa su presencia, su “mirada” clavada en mi espalda y eso casi me volvía loco. Pero con el tiempo me acostumbre a su presencia, noche tras noche ella estaba ahí parada junto a mi cama durante los cuatro años que estuve en el seminario. Ya me daba igual, aprendí a ignorarla. También durante las horas de meditación era capaz de escuchar voces en susurro que venían de la capilla, era como gente rezando, pero obviamente el lugar estaba vacío. En el segundo año de Seminario decidí que ya tenia suficiente y a escondidas buscaba libros de esoterismo, exorcismos y fantamas, me empapè de todos los datos que pude encontrar sobre el tema y entonces comencé a comprender muchas cosas.-

-Es decir, estudió para poder confrontar esos hechos inexplicables que veìa y escuchaba cada día y cada noche- preguntò un Bernardo extrañamente interesado en el tema de repente.

-Podria decirse de esa manera, la mejor manera de enfrentarme a esas cosas es saber muy bien a que me estaba enfrentando. Dicen que el ser humano le teme a lo que no conoce y yo me propuse conocer muy bien esos fenómenos. Muchas noches no dormí e igual no podía hacerlo con esa mujer siempre a lado de mi cama. Lei y lei y lei cada vez mas libros del tema hasta que pude dominarlo, al menos lo que yo había estudiado. Sabia que aun tenía mucho por aprender pero eso sería solamente con la experiencia.-

-Creo que eso es interesante, no sabia que se podía estudiar lo paranormal para después ponerlo en practica-

-Oh todo se puede estudiar en esta vida muchacho- los hielos tintineaban en el vaso.- Es cuestión de disciplina y nada mas. En fin, abandoné el seminario y me ordené sacerdote con todos los honores, fui alumno destacado de la facultad de Historia entonces ya se imaginará el evento tan grande que hubo para festejar. Después de eso me fue asignada una pequeña parroquia en una comunidad cerca de aquí. Era un pequeño pueblo llamado “Santa Graciela” donde habitaban pocas personas pero que contaba con luz eléctrica y servicios esenciales. Al principio estaba disgustado por haberme enviado a ese pueblo, pero pronto tendría mucho que hacer ahí y lo descubriría muy rápido. Tenia escasos 23 años cuando llegué al pueblo e inmediatamente la gente fue recibirme en el atrio de la parroquia haciendo un gran alboroto con música y fuegos artificiales. Esa misma noche quede instalado en mi aposento de la parroquia, el silencio en el pueblo era totalmente abrumador. Por suerte había llevado mi radio conmigo y mi reproductor de discos de vinilo para poder escuchar un poco de opera antes de comenzar mi labor como sacerdote y créame que al día siguiente comenzó algo que para mi fue bastante impactante.-


El sacerdote se tomo su tiempo para respirar después de ese monologo de varios minutos. Parecía que le costara bastante trabajo hablar sobre esos primeros años como encargado de la parroquia de un pequeño pueblo, como decían Pueblo chico es un infierno grande. Sobre todo con aquellos que osan decir una palabra en contra de la religión, de alguna manera ese sacerdote la tenia librada por su condición como nuevo párroco.


-Pues bien, justo la noche siguiente a eso de las ocho, unos golpes en la puerta de la sacristìa me sacaron de mis oraciones nocturnas. Esos golpes se intensificaron conforme pasaban los segundos hasta que por fin me decidí a abrir la puerta. Me encontrè con un señor de edad avanzada y venìa acompañado de una mujer de mediana edad. Ella tenía la mirada perdida y no articulaba una sola palabra, quien hablò durante todo el interludio siempre fue el anciano.


“Buinas noches padicito”, me dijo con un tono desesperado, el pobre hombre hasta tenia unas enormes ojeras, a saber cuantas noches paso sin dormir antes de decidirse a acudir conmigo. “Mira astè, le treigo a mi hijita, esta muy mal. Verdà de Dios que le hemos llevado con el dotor pero ni el sabe que trae mi chamaca” Mire a la mujer y no solamente no articulaba palabra sino que estaba jadeando como si ardiera en fiebre, la mirada clavada en el piso y balbuceaba palabras que no logrè comprender. Quizás la pobre muchacha solo estaba esquizofrénica y necesitaba un psiquiatra a la brevedad, pero la insistencia de este hombre no me dejo otra alternativa que pasarla a la iglesia…y es allí muchacho donde veremos si crees lo que estoy contando, porque lo que viví esa noche jamás lo voy a olvidar.


Tomé a la muchacha en brazos y la llevé hasta la sacristía, ella al momento de entrar en el edificio pataleaba y se esforzaba por liberarse de mis brazos. Fue entonces que ahora si comprendí lo que la pequeña estaba diciendo; comenzó a soltar toda especie de blasfemias que no me gustaría repetir aquí. Escupía, golpeaba, pataleaba y me insultaba con un lenguaje que no era propio de alguien de su edad. Al mirar las imágenes religiosas que abundaban dentro de la iglesia, propiciaba una serie de insultos a todas ellas y yo la verdad no daba crédito a lo que estaba presenciando. Ella hablaba un español tan fluido y perfecto que contrastaba con el lenguaje humilde de sus familiares, usaba palabras que ni siquiera habían escuchado en su vida y entonces comprendí lo que estaba pasando: posesión.-


-¿Entonces el diablo se había apoderado del cuerpo de la humilde muchacha?- preguntó Bernardo aun esceptico de lo que aquel gigante con sotana le estaba contando.

-Que una cosa quede clara, la posesión no siempre es del diablo muchachito. La posesión es precisamente eso, poseer. No es que el diablo mismo se tome la molestia de venir personalmente a “tomar posesión” de un cuerpo vulnerable. No, es mucho mas complejo que eso. Antes que nada, debes comprender el significado de una posesión: un cuerpo vulnerable ya sea por una situación emocional muy critica, experiencias bastante traumáticas, por ignorancia, porque está aislado en un mundo de depresión, etc. Es un manjar para aquellos seres que no son de este mundo; y que conste que no hablo de demonios, hablo incluso de esas animas que quieren volver a sentirse “vivos” robándose el cuerpo de una persona viva. Así que no muchacho, no era un demonio, era un anima. Y una que estaba muy enojada con las fuerzas celestiales, puesto que las blasfemias que profería estaban taladrando mis oídos.- dijo con cierto grado de presunción auqel acolito.

-¿Cómo puede saber la diferencia entre lo que era un anima y lo que podría ser un demonio?- preguntó Bernardo un poco mas interesado en el tema.

-Por la forma de actuar. Creeme muchacho que un demonio no te revelará lo que es tan fácil. Una de esas criaturas verá la forma de confundirte y de que creas que es totalmente inofensivo siendo la persona que ha poseido. Si le pones una imagen o un crucifijo o lo rocias con agua bendita es muy probable que reaccione pero no con blasfemias, sino con dolor. Como si arañaran un pizarrón enfrente de ti. Este ente se reveló enseguida, blasfemando y maldiciendo las imágenes religiosas, lo que da por hecho que era un anima. Como te mencioné antes, pase mucho tiempo en el seminario leyendo este tipo de libros y por eso me hice diestro en identificar un casi, aunque al principio no creyera que existiera. Pero en fin, continuando con la historia, tuvimos que amarrar a la muchacha a una mesa de la sacristía ya que no dejaba de moverse, entonces tuve que improvisar un exorcismo, no tenía tiempo de pedir permiso ni mucho menos de esperar al personal autorizado para realizarlo. La madre de la pobre infeliz estaba hundida en llanto y el padre desesperado me exigía ayudar a su hija, sus intervenciones me hacían desconcentrarme así que los saque casi a empujones de la sala, debía hacer eso solo. Una vez ellos afuera, tome lo que necesitaba para poder quitar ese mal de aquella pobre infeliz. No daré detalles de lo que pasó, solo te diré que tardé toda la noche con esa enmienda, el anima estaba aferrada al cuerpo con fuerza pero por fin logré sacarla… pero con un alto precio, ella quedó ciega. Por supuesto que me culparon de aquello, alegando que no había hecho bien las cosas por lo que pidieron me cambiaran de iglesia. Mi diócesis hizo caso de la petición y después de amonestarme por haber practicado un exorcismo sin autorización me enviaron a una pequeña ciudad cerca de “Santa Graciela”, esta ciudad no era otra que “Villa de Lopez”.


Aquí si duré mas tiempo, pero como lo chismes y los rumores corren como pólvora mucha gente vino a verme a la iglesia para que le ayudara con sus familiares que ellos creían posesos. Yo, por supuesto decliné las ofertas puesto que no quería meterme en problemas nuevamente con la diócesis aunque sirvió de poco, había días que tenia hasta 20 personas esperando por mi ayuda por lo que por puro fastidio mande una carta al obispo de la región, obtuve su respuesta una emana después en la que me requería en esta misma iglesia para hablar del asunto, hice mis maletas y esa misma tarde vine a la ciudad con el obispo. Siendo sincero, muchacho, no me esperaba lo que me dijo cuando me recibió en su despacho al día siguiente: “Alexandro, lo que paso en Santa Graciela no debiste hacerlo, pero algo en ti mismo hizo que diera resultado, no se como te preparaste, pero la iglesia no lo hizo y eso es digno de admirar. No puedo permitir que vuelvas a hacer algo así a nuestras espaldas, porque no tendríamos manera de defenderte. Pero tengo el poder de nombrarte exorcista, mande tu caso al vaticano y Su Santidad en persona me llamó para informarme que te diéramos ese titulo sin haber pasado por las pruebas. Santa Graciela fue tu prueba y la has pasado con creces. Felicidades Alexandro, ahora eres un exorcista.” Yo me quede callado, en el momento en que recibì estas noticias no sabia como reaccionar aunque al principio lo hice con cierto enfado por la cantidad de gente que había estado molestándome para que los ayudara pero mi vocación me llamó a aceptar al cargo que me estaban ofreciendo y sin mas hice lo que debía hacer.


En “Villa de Lopez” regresé ya nombrado exorcista, debía reportar cada caso que llevara a mi diócesis, eso se convirtió en algo muy cansado y muy tedioso pero era mi obligación mantener informados a mis superiores. No viene al caso mencionar cada uno de los casos que llegué a atender, solamente te diré los casos que me trajeron hasta aquí: El primero fue en una casa bastante grande pero descuidada, era propiedad de un pequeño empresario que la había heredado de su abuelo, en ese momento estaba casi en bancarrota, por eso el estado de la casa. El me mandó llamar con urgencia porque según me refería, la responsable de esta bancarrota no era otra cosa que un ánima que le habían enviado por mera envidia. Como podrás intuir yo respondí al llamado sin dudarlo y me presente en aquella casona descuidada.-


El sacerdote hizo una pausa muy larga y Bernardo comenzó a pensar que el pobre tipo había perdido el piso, tratò de llamar su atención cambiando de posición en la silla, moviendo los hielos de su vaso pero todo fue inútil. Fue hasta que finalmente carraspeò que el presbìtero salió de su azoro y volvió a mirar al periodista.


-Se está haciendo tarde, señor. Es mejor que por ahora paremos- le dijo en tono bajo a Bernardo quien extrañado miró su reloj y se dio cuenta que tenía razón, habían pasado ya mas de cinco horas desde que comenzó la entrevista y el reloj ya marcaba las 6:30 de la tarde.

-Pero padre, creo que no deberíamos cortar con esta interesante historia ahora que estamos entrando en sus mejores años- le dijo un poco frustrado.

-Lo siento, Bernardo, si es que me permites llamarte así, pero debo oficiar misa a las 8 y debo ducharme y prepararme para esta sagrada tarea. La próxima vez te contaré a un mas sobre mis experiencias, pero por favor por ahora debemos parar- respondió el sacerdote poniéndose de pie y dejando su vaso vacío en la cómoda donde estaba la botella de whisky y apagando el televisor. -Agendemos de una vez la próxima cita, puede quedar para el próximo martes a las una de la tarde, te prometo que no te haré esperar- diciendo esto apuntaba con una pluma lo dicho en una agenda que tenía dispuesta a su lado, que anticuado resultó ser.


Bernardo no tuvo otra opción que ponerse de pie y comenzar a guardar sus cosas, no podría convencer al tipo de seguir con la entrevista por lo que tuvo que aceptar la oferta de regresar la semana entrante casi en contra de su voluntad. El sacerdote esperó a que el reportero guardara sus cosas y lo acompaño a la puerta. Salieron de su oficina y este cerró con llave, caminaron juntos en el pasillo en un incomodo silencio; Bernardo se sentía muy pequeño al lado de esa mole con sotana, vaya que era alto. Lo miró de reojo y se dio cuenta que el presbítero lo miraba hacia abajo casi con lastima.


-Espero que lo que te he contado sea digno de al menos un poco de tu aprobación. Puedo estar de acuerdo en que me digas que no me crees, pero te aseguro que lo que te cuento es real. Tengo pruebas, pero esas están resguardadas por mi diócesis y no puedo mostrártelas, lo único que puedo decirte es que estos asuntos son tan reales como ahora tu y yo estamos hablando. – dijo de repente Alexandro.

-No puedo decir que lo crea, solo le diré que tiene una gran habilidad narrativa para los cuentos de terror- respondió casi con sorna.


El sacerdote se detuvo en seco en medio de una intersección de pasillos y se volvió a mirar al reportero con una expresión bastante dura y sombría en su rostro y siendo bastante duro con Bernardo le dijo:


-¿Cuentos de terror? Como dije al principio, si no crees al menos respeta un poco lo que hago y deja de llamarlos así. El día que regreses entonces veremos si realmente se tratan de cuentos de terror. Que tenga un buen día, ya conoce la salida- dicho esto dio media vuelta y se alejó por el pasillo.


Bernardo se quedó de una pieza, tratando de asimilar que fue lo que acababa de pasar, había metido la pata y de fea forma, si Alexandro se comunicaba con sus superiores seguramente lo pondrían de patitas en la calle. Al menos no había cancelado la próxima cita y tenía la esperanza de que en esa segunda ocasión las cosas tomaran un mejor rumbo. Suspiró, dio media vuelta y salió de la iglesia rumbo a su auto.