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"Los visitantes"

(Nota del autor: Este relato es la precuela de una serie de historias que se están escribiendo y terminarán siendo compiladas en una sola obra. Serán parte de una serie a la que bauticé como: Crónicas del mundo oculto. Disfrútalo)

Eran aproximadamente las tres de la mañana en aquel departamento. Las luces del árbol de navidad destellaban en la oscuridad iluminando un poco el espacio de la sala y el comedor, las luces de la pared hacían lo propio para que las tinieblas no cubrieran por completo la casa. Un hombre de avanzada edad fumaba una pipa, sentado en el sillón individual de la sala de tres piezas, pareciera no importarle que la mayoría de las luces estuvieran apagadas. El humo de la pipa se desvanecía en el aire mientras el hombre con mirada melancólica contemplaba el árbol de navidad adornado y sus luces danzantes, casi de forma hipnótica lo miraba con melancolía. De repente una puerta del fondo se abrió y una mujer apareció en el pasillo, en eso la figura del caballero se esfumó en el aire.


-Carlos ¿Has estado fumando?- preguntó en voz alta

-¿Qué cosa? ¿Yo?- respondió una voz adormilada en el dormitorio.

-Sí, tu. Huele mucho a tabaco-

-Sabes que lo dejé hace tiempo-

-Pues acá afuera el olor es muy penetrante. Creí que eras tú fumando a escondidas-

-Elena, de verdad que no. Ahora déjame dormir- terminó Carlos tapándose con la cobija.


Hacía frío, ese Diciembre era uno de los más gélidos en años, las corrientes heladas se colaban por las ventanas dando escalofríos a Elena. Ella se tapó con su bata de dormir y se apresuró al sanitario a hacer sus necesidades y mientras estaba en lo suyo no dejó de pensar en el intenso aroma a tabaco.


A la mañana siguiente, ambos salieron a trabajar ignorando las pequeñas marcas de ceniza que había en el suelo junto a la puerta de entrada, ni los restos de polvo que había en el descansa brazos del sillón individual. La calma reinó en la casa por todo el día sin contratiempo. Hasta las seis de la tarde, cuando los últimos rayos del sol entraban por la ventana, una anciana sentada junto al ventanal tejía con alegría un pequeño suéter, al parecer de un niño pequeño, la anciana tarareaba una canción infantil mientras trabajaba en su tejido. El sol poco a poco se ocultaba y los rayos de desdibujaban en el interior, la puerta de entrada hizo ruido al tiempo que corrían el cerrojo, al abrirse la puerta la anciana desapareció en el aire.


-Te lo juro, Carlos. Escuché que alguien tarareaba aquí adentro- dijo Elena entrando apresuradamente y revisando todo el departamento cerciorándose que estuviera vacío.

-No hay nadie, mujer. Son solo ideas tuyas- le dijo Carlos poniendo sus cosas sobre la mesa.

-No estoy loca, claramente escuché ese misterioso tarareo- se sentía inquieta.

-Vamos, no es nada. Te prepararé la cena-


Carlos se dirigió a la cocina, Elena no estaba convencida de que aquello no fuera “nada”, primero el olor a tabaco y ahora ese tarareo, estaba inquieta. Cenaron pasta con albóndigas mientras en el televisor anunciaban las últimas súper ofertas de fin de año.


-Vaya época, pareciera que solamente está hecha para los materialistas- opinó Carlos.

-Ya sabes que la gente siempre busca los mejores pretextos para gastar lo que no tiene- respondió Elena mientras se llevaba el vaso de agua a la boca. A ellos les gustaban las fechas, pero no eran tan consumistas como sus vecinos y sus conocidos, preferían darse un buen regalo e irse de vacaciones los últimos días del año y pasarla bien fuera de la ciudad.; ese año no sería la excepción, irían a la capital a surtirse de ropa y pasar allá el año nuevo. Terminaron su cena, lavaron los platos y se fueron a dormir, al día siguiente había que trabajar, se prepararon para ir a la cama.

-Mañana es nuestro último día de trabajo, Carlos- opinó Elena mientras se ponía su pijama.

-Ya era hora. Pensé que nuestras vacaciones jamás llegarían, hemos estado trabajando como burros sin descanso, realmente lo merecemos- respondió su marido al tiempo que se acostaba en la cama.

-Carlos, estaba pensando en lo que pasó-

-¿En qué?-

-El olor a cigarro y esos tarareos-

-Oh, vamos mujer- Carlos perdía poco a poco la paciencia – No vas a creer que el departamento esta embrujado ¿o sí?

-Jampas dije que estuviera embrujado, so tonto. Solo es raro que esas cosas pasen. Igual ya no hablaré del tema contigo- Elena se acostó y le dio la espalda a su marido.


La noche en aparente calma estaba transcurriendo sin novedades, las luces se mecían en las paredes en el más absoluto silencio. La sala de la casa traviesa danzaba con los claroscuros de las luces LED. La puerta del dormitorio se abrió lentamente y Carlos salió dirigiéndose a la cocina. Ni siquiera encendió las luces ya que las de LED daban suficiente iluminación a la estancia, abrió el refrigerador para sacar la gelatina que había sobrado dos noches antes y comenzó a comerla, el frío sabor lo hizo hipar pero no dejó de comer el postre. Las luces prendían y apagaban en la sala y se sintió un poco mareado.


Terminó de comer y guardó el postre en el refrigerador, cuando caminó hacia el dormitorio algo lo hizo voltear. En medio de la sala vio la sombra perfectamente definida de un niño de unos ocho años, estaba parado inmóvil en la sala y parecía estar congelado. Carlos se quedó quieto al observar esa aparición, el niño seguía sin moverse y comprobó con horror que no podía ver su cabeza, no sabía si estaba agachado o de verdad carecía de ella. Se quedó mirando por unos minutos más aquella figura hasta que como pudo giró sobre sus talones y entró a toda prisa al dormitorio.


-¡Elena! ¡Despierta! – dijo sacudiendo a su esposa para que despertara del profundo sueño en el que estaba.

-Oye, ¿Qué pasa? – Ella se despertó malhumorada.

-Hay un niño en la sala – le dijo con voz de asustado.

-¿Qué? ¿De qué hablas? ¿Cuál niño? –

-Que he visto un niño parado en la sala-

-Estás loco. Déjame dormir –

-Te digo que ahí está. Ven a ver- Jaló a su esposa, la sacó de la cama y se apresuraron a la sala.

-Míralo, está ahí parado – Se detuvo en sexo al descubrir la estancia completamente vacía. -¡Aquí estaba! ¡Te juro que aquí estaba parado! ¡No veía su cabeza!-

-Vaya, parece que alguien ya está experimentando sucesos extraños – dijo con sorna Elena.

-Ya, por favor. En serio que yo lo vi.- dijo aún más asustado Carlos

-Te he dicho que pasan cosas raras aquí. Pero parece que solamente es en ciertas fechas-

-Eso veo, es demasiado extraño- Carlos encendió la luz de la sala. Para su sorpresa había huellas de zapatos donde el niño había estado parado.

-¡Ves! ¡Ahí está la prueba! – Carlos señaló el suelo, a las huellas.

- A diferencia de ti, yo si te creo- Elena se sentó en el mismo sillón donde el anciano había aparecido fumando. -Creo que debemos tomarlo con calma-

-¿Qué podemos hacer para solucionarlo? No quiero tener que soportar que me asusten cada que se les antoje – opinó Carlos sirviéndose un vaso de Cognac.

-Tranquilo, podemos solucionarlo-

Elena se levantó y tomó u libro de la estantería. Dentro estaba una hoja doblada en cuatro partes, la desdobló y tomó su celular.

-¿Hola? ¿Alicia? Soy Elena, lamento molestarte tan tarde…


Dos horas después tocaron a la puerta del departamento, Carlos y Elena ya vestidos abrieron, había una mujer de cabello negro, alta, piel blanca y ojos cafés penetrantes parada en la puerta.


-Hola Alicia. – Saludó Elena – Es un alivio que llegaras. Pasa-

-Vine en cuanto me fue posible. Lamento si tardé. Que gusto verte Elena. – respondió la mujer entrando y saludando a la pareja.

-Por favor, siéntate. -ofreció Elena. -¿Quieres algo de beber?

-Claro un café con crema y azúcar, por favor- dijo Alicia sentándose en el sillón individual.


Mientras Elena estaba en la cocina, Carlos relató a Alicia los acontecimientos vividos en el departamento, de lo sentido por Elena y lo visto por él. Alicia los escucho atentamente hasta el final del relato.


-Bueno, es un asunto un tanto complicado- dijo Alicia al fin dejando su taza vacía sobre la mesa de centro. -Ustedes están siendo invadidos por fuertes energías muy arraigadas a su hogar. Lo curioso es que estos espíritus, por así decirlo, es que no murieron aquí, simplemente llegaron a su casa. ¿Han visto más de una vez a cualquiera de estas presencias? –

-La verdad es que no- dijo Elena- Solamente los hemos visto una sola vez-

-Entonces solo los visitan, hay algo en su hogar que atrae directamente a estas energías. Esperemos que esto sea solo pasajero- dijo Alicia poniéndose de pie.

-Debo irme, regresaré esta noche para ayudarlos. Vendrá conmigo mi novio, es demonólogo y parapsicólogo y podrá apoyarme-

Elena y Carlos se miraron entre ellos. - ¿Un demonólogo? ¿Son…demonios?- preguntó un asustado Carlos.

-Claro que no. Solo son espíritus, pero Dante es experto en ello. Estén tranquilos, no pasará nasa- Alicia se fue dejando desconcertados a la pareja.


Ese día, Carlos y Elena estuvieron intranquilos ya que el hecho de que una persona demonóloga tuviera que hacerse cargo de la situación hacia parecer que era más delicado de lo que parecía. El día transcurrió con calma, no hubo manifestaciones de cuidado. Esa noche tocaron a la puerta; al abrir se encontraron con Alicia y a su lado un hombre de lentes, cabello largo, piel morena y vestido de negro.


-Hola Elena, él es Dante, mi novio. El me apoyará para resolver este problema. Claro, si ustedes están de acuerdo- dijo Alicia a una sorprendida Elena que no salía de su asombro.

-Pasen, claro que estamos de acuerdo. Cualquier ayuda es bienvenida en esta situación- dijo Carlos al fin.

Dante y Alicia entraron en el departamento con cierta cautela para no incomodar, tomaron asiento en la sala y Carlos junto con Elena lo hicieron frente a ellos.

-Mi Alicia me ha explicado a grandes rasgos la situación que los está aquejando. Debo decirles que mi postura como demonólogo no implica que haya un demonio en su casa.


Antes de concluir tal cosa hay que hacer una exhaustiva investigación. Por lo que Alicia me ha contado, ustedes solo tienen el problema que yo clasifico como de clase 1, que es la manifestación- explicó Dante con calma. -En esta etapa solo han experimentado pequeñas manifestaciones de éstas energías en su casa y no les han hecho daño. Esto es bueno ya que queda claro que esa no es la intención del ente-

La pareja escuchaba con atención a Dante mientras Alicia sacaba un libro de su bolsa y lo hojeaba para buscar una página señalada.


-El motivo de mi presencia aquí es porque apoyo a Alicia en el proceso de deportación del ente. Aunque soy demonólogo, no soy católico, mi experiencia como tal se basa en los demonios de índole mitológico o religioso, es decir, trabajo con las creencias de la gente. Me imagino que ustedes son católicos- El matrimonio asintió – Bien, entonces ya sé cómo trabajar. Alice, ¿lista?

-Claro, lo estoy- Alicia se levantó y mostró el libro a la pareja, en sus páginas había la ilustración de dos entes rodeados por una nube. -Esta es la representación de una manifestación, un ente puede estar en un lugar y en otro a la vez. La nube representa a lo que llamamos “ningún lugar” o limbo si lo prefieren, donde cada ser espiritual que no ha trascendido o que no ha querido hacerlo se encuentra atrapado entre “ningún lugar” y nuestro mundo. Existen entes de todo tipo y los que ustedes llaman demonios son seres oscuros que solo buscan dañar la estabilidad, felicidad y salud de las personas en este plano. Pero tranquilos el ente o lo entes que se encuentran aquí no son el caso, solamente son visitantes-

-Entonces, ¿Por qué se aparecen aquí con tanta frecuencia?- preguntó intrigado Carlos.

-Eso es simple, esos entes buscan aferrarse a la vida de una manera o de otra. Como su hogar es un ambiente estable, entonces buscan “entrometerse” en ese ambiente para sentirse vivos. Obviamente a ustedes les afecta de manera física y emocional y a la larga provocan enfermedades, pleitos y a veces rompimientos. Eso es lo que debemos evitar a toda costa- dijo Dante mientras sacaba velas, agua bendita y un libro de la bolsa de mano que traía. Alicia a su vez sacaba otra vela más gruesa y un rosario de su bolsillo, amarró el rosario al libro y encendió la vela.

-Disculpen, si ustedes no son católicos, ¿Por qué el agua bendita y el rosario?- preguntó Elena.

-Porque ustedes son católicos. Al trabajar con sus creencias les impregnamos la fe que ustedes profesan y por lo tanto el hechizo de deportación es más efectivo. Ustedes son los que viven aquí, no nosotros. Entonces sus reglas y su fe son lo que rigen aquí.- explico Alicia mientras se colocaba en el umbral de la puerta de entrada con la vela, el libro y el rosario, Dante se colocó atrás de ella con sus velas, el agua y su libro.

-Les voy a pedir que vayan detrás de nosotros, no se queden atrás y por favor escuchen lo que escuchen no se separen- advirtió Dante. La pareja se colocó tras de Alicia y Dante, apagaron las luces y comenzó el ritual.


Alicia encabezaba al grupo, iba con la vela iluminando todos los rincones de la estancia y cada que pasaba por una habitación, Dante rociaba agua bendita y colocaba una vela encendida. Las oraciones que hacía Alicia eran contestadas por Dante; Carlos y Elena estaban a la expectativa de lo que fuera a ocurrir, por fortuna para ellos en lo que era la sala y la cocina no ocurrió nada. Fue hasta el estudio que comenzaron los fenómenos bastante fuertes. Apenas habían entrado cuando la puerta se azotó violentamente detrás de ellos, Elena pegó un grito y se sobresaltó.


-Por favor, no se alteren. Traten de estar tranquilos. – les dijo Dante. -Recuerden que ellos se alimentan de emociones. Entre más tranquilos se mantengan, será mejor-


El joven matrimonio se controló lo mejor que pudo y continuaron con el proceso; en el estudio se hizo un pesado silencio y todos quedaron a la expectativa.


-¿Qué hacen en mi casa?- se escuchó una voz cansada a espaldas del grupo. Todos se giraron a dónde provenía y se encontraron con un señor de edad avanzada que fumaba un puro sentado en la silla giratoria de Carlos. Elena dio un paso atrás muy asustada por la figura que estaba ahí sentada, Carlos la abrazó y no permitió que perdiera la calma.

-Esta no es su casa, usted ni siquiera debería estar en este mundo- le dijo Dante.

El espíritu los miró con desconcierto y poco a poco se puso de pie, sin dejar de mirarlos le dio una calada a su puro y soltó el humo lentamente.

-No soy alguien que camine entre los vivos y sin embargo tampoco me he querido ir. El calor de este hogar me ha devuelto a mis recuerdos de antaño- dijo melancólico aquel ente.

-Su tiempo ha sido, es hora de que se marche, este no es su hogar, ni es su espacio- dijo Dante.


El espíritu no dijo nada, solo se desvaneció poco a poco en el aire hasta que no hubo más de él. Un poco pasmados Carlos y Elena contemplaron lo acontecido con gran asombro.

-¿Ha terminado?- preguntó Carlos

-Esto apenas empieza. Percibo dos entes más arraigados a su hogar. Este fue el más fácil de deportar. Veamos qué pasa con los otros dos- contestó Alicia.


El grupo salió del estudio y se dirigió a la recámara, en el camino repitieron el proceso anterior, orando, rociando con agua bendita y poniendo velas en el piso. Dentro de la recámara el ambiente se puso pesado y sofocado, al grupo le costaba respirar un poco.

-Es normal sentir esa sensación. Eso significa que está surtiendo efecto el ritual, las energías se mueven cuando son estimuladas de esta forma- dijo Alicia.


Había un ambiente bastante pesado en la recámara, todos se sentían observados pero no distinguían nada. Dante se adelantó y encendió dos velas, pidió que guardaran silencio y que nadie se moviera. Salvo las luces danzantes de las velas no había otra cosa que perturbara la habitación. De repente escucharon una respiración agitada en uno de los rincones, todos giraron la vista para toparse con el rostro demacrado y cadavérico de una anciana. Ella miraba al grupo con verdadero odio en sus ojos; la anciana sostenía en sus manos una gastada mascara de oxigeno que no conectaba a ningún tanque.


-¿Por qué me quieren echar?- preguntó con voz ronca y cavernosa. -¿No ven que estoy enferma?

Elana casi pierde la calma al ver ese espectro, estaba segura que esa era la anciana que tarareaba.

-No te estamos echando, te estamos tratando de llevar a donde perteneces- le dijo Alicia.

-Yo pertenezco a mi casa, ustedes son solo intrusos que han venido a invadir mi podre hogar- la anciana se volvió más sombría.

-Estás aferrada a un plano que no te corresponde, debes aceptar que tu tiempo aquí ya fue-

-¡No!, no voy a permitir que me saquen de mi casa. Es lo único que tengo, además debo esperar a que vuelvan por mí-

-Eso ya no es posible, debes irte-

El espectro tosió con violencia, se puso la máscara para poder “respirar” y después de unos segundos habló:

-Estoy enferma de Cáncer de Pulmón, llevo más de tres meses soportando crisis de tos.


Mis hijos se fueron hace tiempo, dijeron que irían a buscar un buen doctor pero no han regresado. Esta enfermedad está acabando lentamente conmigo-

Dante y Alicia se miraron, ese espectro seguía sufriendo en muerte el mismo clavario que en vida.

-Esperaba que mis hijos volvieran así que me puse a tejer, eso me calmaba incluso la ansiedad que sentía por culpa del cáncer. Teji y tejí pero ellos jamás volvieron- se lamentó entre sollozos la anciana.


Con ambas velas en la mano, Dante se aproximó al espectro.

-Tu tiempo ha sido, debes soltar e irte- le dijo mientras ponía una vela frente a la anciana. Ella miró al grupo con tristeza y soltando un suspiro muy largo, desapareció.

-Esta fue difícil, el sufrimiento y la soledad hicieron de ella un espectro sombrío el hecho de haber vivido el abandono en su enfermedad, la encadenaron a este plano- explicó Alicia.

-Es hora de buscar el último- indicó Dante.


Todos salieron a la sala, donde había sido visto el niño sin aparente cabeza. Recorrieron de nuevo la casa sin hallar rastro del niño, las velas que Dante había colocado estaban por consumirse y de aquel espectro no había rastro. Alicia y Dante comenzaban a mostrar signos de desesperación ya que el amanecer estaba cerca y si no se completaba el ritual, sería mucho más difícil de deportar.


Alicia cerró el libro con violencia y se detuvo en seco en medio de la estancia, en un gesto desesperado cerró los ojos y guardó silencio. Dante indicó a Elena y Carlos que no se movieran. Alicia giró su cabeza hacia la derecha y habló:


-¿Quieres jugar?- dijo en voz baja sin abrir los ojos. Dante se preparó tras de ella con el agua bendita y una vela.

-Carlos, Elena, síganos, ella lo ha encontrado- les dijo.

-¿Quién eres? ¿Por qué te escondes?- volvió a preguntar Alicia. El silencio volvió a reinar. De repente, ella caminó hacia la habitación de invitados sin abrir los ojos, dante iba tras ella seguidos por el matrimonio.

-¿Por qué no sales? ¿De qué tienes vergüenza?- preguntó al aire Alicia.

-No temas, no soy mala. Puedes salir- Ella se detuvo al lado de un librero, giró a la pared y habló:

-Ven, no te haremos ningún daño- dijo extendiendo su mano a la oscuridad. De las sombras surgió la figura de un niño de aproximadamente nueve años de edad, pero no tenía cabeza. Elena estuvo a punto de gritar pero Carlos no la dejó tapando su boca.


Alicia tomó la mano de la aparición y comenzó a hablar:

-¿Cómo te llamas?- no hubo respuesta

-¿Por qué estás aquí?- silencio

-Tu padrastro es una mala. Pero estoy segura que ya no puede herirte- silencio.

-Créeme, ya no puede dañarte nadie. Sé que lo que hizo fue terrible y lo siento por ti.


Pero debes seguir, ya no debes estar aquí- silencio. En la habitación se dejó escuchar un sollozo de niño muy lastimero antes de que la figura se desvaneciera en el aire. Afuera salió el sol y la paz volvió a la casa.

-Es todo- dijo Dante apagando la vela y cerrando su libro. Alicia abrió los ojos y bostezo.

-Estoy cansada. ¿Me podrían dar café?- pidió a la pareja.

-Claro, iré a prepararlo- dijo Elena y todos se encaminaron a la sala.

-Estas entidades fueron algo muy simple. La razón por la que estaban aquí era por el arraigo que sentían por el calor del hogar. Así que, aunque eran espeluznantes, no eran de peligro alguno- explicó Alicia a la pareja al tiempo que daba un sorbo a su café.

-¿Qué pasó con ese niño?- preguntó Elena con curiosidad.

-Ese niño fue asesinado por su padrastro, no tenía cabeza porque el tipo se la arrancó con un machete cuando él estaba vivo. Fue terrible lo que me mostró- Alicia dejó su taza vacía sobre la mesa.

-Qué horror. Pobre criatura- dijo Elena con una expresión de tristeza.

-Es mejor que se haya ido. Él quería un calor de hogar donde no le correspondía. Hicimos bastante bien en hacer que se fuera- dijo Dante


-Bueno, Elena, Carlos, ha sido un placer. Ustedes ahora están libres de entidades. Hemos terminado aquí- anunció Alicia poniéndose de pie.

-¿Ya se van? ¿Pero si regresa?- exclamó Carlos nervioso.

-Eso no pasará, tranquilos. Hemos pesto una protección para su hogar. No volverán a ser molestados- aseguró Dante.

Elena se dirigió a Alicia. -Fue bueno verte de nuevo, aquellos años en el internado del convento quedaron muy atrás. Sabes que siempre te creí por eso te llamé-

-No tienes por qué dar explicaciones, Elena. Yo lo sé- contestó Alicia abrazando a su amiga. – No te pierdas, sigamos en contacto-

Dante dio la mano a Carlos y beso en la mejilla a Elena.

-Fue un gusto- les dijo y salió.

-Adiós amigos, saben dónde hallarnos si nos necesitan. Feliz Navidad. Les dijo Alicia y salió del departamento cerrando la puerta tras de sí.