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Jose Luis Trueba Lara nos sumerge en la vida de Malinche


El escritor, periodista, editor, profesor e investigador universitario explora al personaje con una nueva óptica.


Malinche nació en Veracruz, hablaba náhuatl, pero al morir su padre, siendo casi una niña, fue vendida a unos mercaderes y luego esclavizada por mayas. En esta novela histórica es ella quien nos cuenta su historia.


“Malinche” narra la travesía de don Hernando hasta Tenochtitlán y todas las veces que le transmitió los mensajes que enviaba el tlatoani Moctezuma. Mientras que su amo buscaba aliados y lograba hacerlos en el trayecto, gracias a los dones que ella tenía. Era Marina y comía en la mesa de los principales porque era la lengua, la que derribaba las puertas y murallas con su palabra todopoderosa. Por entonces, ya había cultivado además el castellano y también era Malitzin porque el nombre sonaba a realeza. Fue la época en que don Hernando la hizo suya, aunque también atestiguó que las alianzas se firmaban en el cuerpo de otras mujeres.


¿Cómo fue la concepción de la obra?

El descubrimiento de la Malinche, la intención de novela está vinculada a dos cosas que a mí me aparece eran asignaturas pendientes. La primera es que nos hemos ocupado muy poco en la literatura sobre las mujeres en tiempos de la conquista. Entonces adentrarse en su vida y tener la oportunidad de no solamente ir con ella como personaje, sino de entra en la vida de las mujeres que viven este acontecimiento esa fue una primera razón. La segunda es que ya me la había topado en otras novelas y en otras mías antes, pero casi que hace un cameo por decirlo en términos cinematográficos y yo no había desarrollado a ese personaje porque me parecía que no debía ser secundario, merecía tener su propia novela.


¿Cómo fue el trabajo de investigación y que disfrutó del proceso?

Uno de mis hijos y un amigo muy querido sostienen que en realidad mis novelas son como mis reportes de investigación en forma de novela, mis reportes de lectura. El tiempo de investigación es largo, trató de leer todo lo que pueda sobre el personaje, sobre la época, sobre el lugar, es decir, trato de recorrer y por supuesto me meto en las fuentes clásicas. Pero al final del día, si bien es cierto que tengo algunos datos que son reales y otros que seguramente podrían serlos sin grandes problemas, a la hora de escribir hay una suerte de divorcio. Porque en una novela histórica pasan tres cosas: lo que pasó, lo que pudo pasar lo cual ya me la empecé a inventar y después lo que a mí se me pegó la gana.


Con un personaje como la Malinche no creas que es tan completa la investigación, porque hay grandes periodos de su vida en donde no sabemos nada o casi nada. Por ejemplo, de su infancia, de su juventud apenas la conocemos. Ella prácticamente desaparece de las páginas después del viaje de Cortés a Centroamérica donde lo acompaña Y evidentemente ante esos huecos a mí no me queda más remedio que crear al personaje, le invento todas estas cosas y las partes que faltan. Pero si revisan el libro, normalmente les digo a los lectores qué fue lo que invente al final del libro, platicó lo que es verdad y lo que es mentira. Esto me permite hacer algo más, que es invitar al lector a recorrer otros libros sobre el tema. Yo estoy plenamente convencido y estoy dispuesto a defender mi necedad de que los libros te llevan a otros libros.


¿Cómo fue la experiencia de una travesía con la Malinche?

Fíjate que lo padre de una investigación y lo padre de escribir sobre La Malinche es que te puedes meter y vivir vidas que nunca vas a vivir. Yo escribo con todo el cuerpo y no es que le dé porrazos con la nariz al teclado, es decir yo le presto mi cuerpo, mi cabeza, todo mi ser a los personajes que voy creando y ellos en compensación me pagan dándome la oportunidad de hacerme sentir lo que ellos sienten.


Conforme voy escribiendo junto con ellos, voy descubriendo todas sus aventuras, sus desventuras, todo lo que pasa y la verdad es que esa parte es maravillosa. Luego viene la parte fea y esa es que cuando terminas de escribir y ves todas las fallas de tu novela o al menos las que piensas que son. La vas leyendo y leyendo, la vas puliendo y no me vayas a preguntar cuántas veces la leí pero lo que sí puedo decir, es que son las suficientes como para no volverla a leer.

Durante el proceso de investigación ¿hubo algo que le llamara la atención en particular?

Si, muchas cosas, por ejemplo hay una historiadora gringa que se llama Camilla Townsend, quien sin duda ha hecho las mejores investigaciones históricas sobre lo que se puede saber de la Malinche. A mí me encantaron sus ideas, me parecen maravillosas. Aunque algunas de ellas han sido criticadas por otros historiadores. Me parece que con esta revisión de materiales de pronto te topas con un texto, que es muy revelador del personaje o de la época o de las circunstancias y te ayuda muchísimo. Aunque ojo, al final acabas por traicionarlo y lo haces por una sola razón, tú lo que quieres es una novela, porque normalmente sobre estos personajes no lees ficción, lees historias.

¿Qué reflexiones le dejó el libro?

Normalmente la hemos visto con ojos que no tienen que ver con ella, es decir la volvimos una bestia negra de la historia, creo que sólo a Moctezuma y Santana la superan. Lo digo en buen plan. Otra mirada ha sido la feminista que la ha convertido en un símbolo muy actual, pero me parece que valdría la pena asumir una tercera mirada: la posibilidad de entenderla, ¿por qué no nos planteamos la posibilidad de mirar el mundo como ella? Quizá no era la chingona como decía Octavio Paz, sino una mujer dispuesta a sobrevivir, una mujer que aprende a jugar las reglas del juego, que no conocía, era un territorio ajeno a ella y las debió manejar espléndidamente bien. En ese sentido creo que valdría la pena asomarnos con esta nueva mirada.





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