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Necrohistorias: El Cuarto Contacto


Ficción por Alex de Angmar


PRIMER TIPO DE CONTACTO: AVISTAMIENTO

Durante la noche Lucía y Roberto habían estado intranquilos, de nuevo habían peleado; Roberto estaba ebrio al llegar a casa y Lucía no toleraba el alcohol. Ella no comprendía el comportamiento de su marido; últimamente había comenzado a beber, cosa que anteriormente no hacía, se volvió taciturno y descuidado.


Por enésima vez le había reprochado y como respuesta obtuvo la fría indiferencia del hombre con quien compartía el lecho. El solamente eructo y se dejó caer pesadamente en el sillón frente al televisor. Lucía de nuevo se sintió basura, como le gustaría retorcerle el pescuezo a aquel miserable cerdo por tanto sufrimiento causado, pero su ira se detenía por dos razones: La primera, ella no era una asesina y la segunda razón, mas poderosa que la anterior, era su hijo Daniel, él tenía apenas seis años y ya vivía el infierno de las peleas domesticas; ver a sus padres pelear a cada momento y por cualquier causa sin poder hacer nada para evitarlo.


El silencio de la noche abrazó los oídos de Lucía mientras sus pensamiento se concentraban en su hijo, ¿Qué hacer para evitarle tanto dolor a esa criatura?. En aquella apartada región tan remota donde tenían su casa estaban prácticamente solos, el pueblo mas cercano estaba a una hora de distancia en la camioneta de Roberto, ese cerro de Michoacán estaba tan desolado que parecía que estuviera solos en la tierra. Se dedicaban a sembrar trigo que comerciaban en el pueblo y el bosque se extendía alrededor formaba una fortaleza de madera, el único acceso era el camino de tierra que terminaba en el jardín de la puerta de su casa; estaba relativamente aislados.


En sus pensamientos estaba concentrada cuando escuchó un ruido, eran como pasos en el techo de la casa, ella abrió mucho los ojos y se alteró. “Roberto, despierta. Hay algo en el techo” susurró moviendo a su marido para despertarlo, pero fue en vano, el tipo estaba durmiendo la borrachera y era mas fácil despertar a un oso hibernando que a él. Se resignó, se levantó lentamente dirigiéndose a la ventana; la negrura le impedía ver los árboles del bosque y apenas veía un destello de luz de la lámpara de la puerta principal. Se asomo hacia afuera sin ver nada, solo escuchando los sonidos de la noche: grillos, ranas y lechuzas, nada fuera de lo normal. De repente volvió a escuchar pasos rápidos en la azotea y ella volvió su atención a los ruidos, sin previo aviso algo saltó del tejado frente a ella y unos enormes ojos brillosos se posaron en ella, Lucía ahogó un grito de sorpresa.


“¡LEO!, GATO ESTUPIDO, ¡CASI ME DAS IN INFARTO!” exclamó Lucía al gato gris de su hijo Daniel, el solamente maulló y entro a la casa a toda carrera. Un poco recuperada del susto, Lucía miró al gato meterse en la habitación de su hijo, respiraba profundo para salir de su azoro y con lentitud regreso a su cama.


A la mañana siguiente Lucía preparó el desayuno para ella y su hijo, de ninguna manera la haría un carajo a aquel cerdo; sirvió a la mesa los huevos revueltos con frijoles y café con leche, calentó tortillas y puso en el canasto bolillos frescos, por último llamó a Daniel a la mesa y el niño bajó corriendo y se sentó.

“Buenos días, Daniel. ¿dormiste bien?”

“Buenos días, mami. Si, claro que dormí bien. Solo que me costó un poco dormirme” contestó adormilado.

“¿Por qué cariño? ¿Otra vez hubo algo en tu closet?” preguntó Lucía sentándose a su lado.

“No, esta vez fueron las luces” contesto el niño

Ella abrió mucho los ojos y miró fijamente a Daniel, el niño comía con apetito sin ver a su madre.

“¿¡Luces?! ¿Qué luces amor?” preguntó preocupada pensando en la posibilidad de ladrones.

“las luces brillantes que veo en el cielo por la noche, son demasiado brillantes”

“Pero hijo, esas son las estrellas”

“No son estrellas, las estrellas no se mueven y no son tan brillantes.


Ella se quedó pensativa, ¿a que se refería su hijo al hablar de esas luces?, quizás estaña soñando y creyó ver las estrellas moverse, mas porque en aquella región remota estaba bastante oscuro para que miles de estrellas pudieran apreciarse, al pensar en eso se tranquilizó, pues creyó que eran fantasías de su hijo.


Esa noche Lucia como de costumbre, se encontraba sola en su casa ya que su marido se había ido a la cantina a beber. Su hijo jugaba en el patio con Leo. Ella lavaba los platos de la cena y cuidaba a Daniel desde la ventana, pensaba seriamente en el divorcio y terminar para siempre con aquel cabrón. Ya le había aguantado demasiado, una vez en una fiesta del pueblo el tipo la había zarandeado en publico alegando que ella coqueteaba con un hombre, cosa que era, como era de suponerse, totalmente falsa. Otra ocasión había llegado ebrio y la había obligado a base de golpes a tener relaciones con el, tuvo que aguantar los bufidos de aquel animal encima de ella por mas de media hora. Estaba claro, debía deshacerse de ese cerdo y mas de una vez lo había manifestado a sus amistades. En eso estaba pensando cuando volteo a ver a Daniel, estaba parado en medio del Jardín y miraba absorto hacia arriba, no se movía, simplemente miraba arriba y seguía el movimiento de algo; ella lo observó por unos momentos antes de dejar los platos e ir a su encuentro. Salió con paso apresurado al jardín y llego donde estaba su hijo.


“Hijo, ¿Qué pasa?” le pregunto tomandolo de los hombros. Daniel se quedó estoico mirando al cielo, después de unos momentos señaló con sus dedo al cielo negro, lucía volteó hacia donde la mano de su hijo señalaba pero no vió nada.


“Daniel, ¿Qué te pasa?” volvió a preguntar perdiendo la calma; no hubo respuesta, su hijo simplemente señalaba al cielo. Ella volteó de nuevo alzando la vista, no vio nada que no fueran las numerosas estrellas que adornaban el cielo. estaba a punto de rendirse hasta que algo llamó su atención; al este de su casa hubo un extraño movimiento, parecían luces, mucho mas brillantes que alguna estrella del firmamento y lo mas extraño es que se movían en línea recta ascendente y descendente y en un momento dado se quedaban estaticas, como pegadas en la bóveda celestial. Lucía sintió miedo, era extraño ver aquello en el cielo; resultaba inquietante, abrazó a Daniel quien seguía señalando las luces en el cielo, vió como de nuevo descendían lentamente hasta la altura del cerro, las luces estuvieron estáticas por un par de minutos hasta que de repente se fueron a una velocidad sorprendente. Ella se quedó pasmada , abrazada a su hijo, quien ya había dejado de señalar y ahora abrazaba a su madre.

“Esas luces son las que no me dejan dormir. A veces dan vueltas a la casa y alumbran mi recamara” dijo por fin. Lucía no supo que decir, se quedó muda y sorprendida allí en medio del jardín. “¿Qué fue eso? “ fue lo que atinó a decir.


SEGUNDO TIPO DE CONTACTO: EVIDENCIA

Habían pasado dos días desde que Lucía vió aquellas luces, y aun no se podía explicar lo que pudo haber sido, intentó hablarlo con Roberto pero la tiró de loca; “Ademas de inútil, paranoica. No se que demonios te vi” fue lo que le dijo de muy mal humor. Se sintió dolida y sola, sabía lo que había visto y no fue una alucinación. Sin otro remedio que afrontar las cosas sola, se resignó a no contárselo a nadie, en especial a su escéptico marido.


Pensaba en lo visto, pensaba en lo que sería, pensaba en que hacer para descubrirlo, no pensaba en otra cosa. Esa noche miraba la televisión, estaba convencida de que habría alguna noticia sobre esos avistamientos, pero nada, no hubo nada que reportaran. Se extrañó, estaba segura que se habían visto por toda la zona. Apagó el aparato y se dirigió a la cocina, se sirvió un vaso de agua y salió a porche del jardín, se sentó en la mecedora para sumirse en sus pensamientos.


Jugueteaba con el vaso entre las manos cuando un ruido llamó su atención, parecían pasos que hacían crujir las hojas secas en el bosque, pasos espaciados y lentos, eran, hasta cierto punto, inseguros. De repente Leo se levantó del escalón donde estaba acostado, siseó sonoramente u entró a toda carrera a la casa. Ella lo miró con asombro. ¿Por qué reaccionó de esa manera?. Los pasos se volvieron a escuchar en el interior del bosque, iban acercándose poco a poco a la casa y eso inquietó a Lucía.


“¡Roberto!” llamó a su marido sin obtener respuesta “¡Roberto, algo se acerca!” de nuevo silencio. Los pasos se habían detenido, pero al cabo de un rato se reanudaron mas cerca de la casa. Lucia se estremeció esperando la aparición de quienquiera que saliera de la negrura, los pasos se hicieron mas insistentes y mas cercanos, se quedo congelada cuando los pasos se detuvieron en seco, hubo varios minutos de silencio y de pronto el sonido se dejó oir adentrándose en el bosque. Lucía dudó unos instantes y corrió hacia el bosque, los pasos delante de ella habían apretado el paso , ella hizo lo propio tratando de dar alcance al extraño personaje.


“No huyas. ¿Quién eres? ¿Qué es lo que quieres?” preguntó Lucía a la oscuridad alumbrada por la tenue luz de la luna. Los pasos se detuvieron y el silenció se adueñó de la zona. La respiración de Lucía se agitó y un momento de tensión quedó suspendido en el aire. ¿Qué era aquello? Podía sentir una presencia a no mas de 15 metros de donde estaba parada.


“Sé que estas allí y que puedes oírme. Ven aquí, no te haré daño” dijo esperando alguna respuesta; el silencio fue interrumpido de repente por un sonido, no era desde luego una voz humana, era mas bien un sonido gutural en clave morse, totalmente inentendible para ella. Pero a pesar de eso era audible, sabía que estaba cerca de ella porque podía sentirlo, ahora mucho mas cerca. No se movió para nada, esperaba poder entender algo de lo que decía pero no podía, eran solo gruñidos en clave morse. Asi paso un rato hasta que de nuevo escuchó pasos, pero esta vez se acercaban por su derecha. ¿Cómo carajo había hecho eso? No escuchó que caminara hacia ese lado, ¡Lo habría oído! ¡Era imposible que estuviera a su derecha!.


Poco a poco Lucía volteó a su derecha y no vió nada, mas seguía escuchando los pasos acercándose a ella, de nuevo el sonido gutural se dejó escuchar, esta vez mas cerca y mas cerca hasta que de repente se detuvo, de nuevo el silencio sepulcral se adueñó del espacio, Lucía estaba segura de que aquella persona estaba a escasos 5 metros de ella. De nuevo su respiración se agitó, ya que sentía que en cualquier momento aquel ser la tocaría, pero no pasó nada, solo silencio, que se hizo cada vez mas insoportable a medida que pasaba el tiempo. Sin previo aviso el ser dio vuelta y se echó a correr a la negrura y antes de que Lucia saliera tras el, todo se convirtió en silencio.


Al dia siguiente, Lucía volvió al bosque en busca de evidencias, lo que encontró la dejó fría: A lo largo del sendero que recorrió la noche anterior había huellas, pero no eran de ningún animal, eran huellas extrañas con solamente tres dedos y un enorme circulo detrás de ellos, demasiado extrañas. Sin pensarlo mucho fotografío las huellas y las llevó a casa.


“Observa esto” le dijo a Roberto enseñándole las fotos “La encontré por el camino que seguí anoche persiguiendo a aquel extraño”. El tipo miró las fotos sin interés. “Es un oso” dijo arrojando las fotografías en la mesa.


“¡¡Como puede ser un condenado oso!!, ve la forma de las huellas, eso no es una animal que conozcamos” exclamó ella demasiado impaciente para tolerara a su odioso marido. Roberto ni siquiera se tomó la molestia de voltear a ver a Lucía, estaba absorto mirando la televisión, no le importaba. Ella fúrica tomó las fotos y salió de la habitación.


“Ojalá y alguien te diera una buena lección, infeliz” murmuró desde la otra habitación. Claro que estaba molesta, no podía contar para nada con ese bodrio llamado Roberto, estaría mejor si no existiera. Estaba observando la foto de la huella cuando Daniel se acercó a ella y miró la foto.


“Hay marcas como esa por toda la casa. Están por todos lados por dentro y por fuera” dijo sin apartar la vista de la imagen. Lucía abrió los ojos como platos, ¿dijo realmente lo que creyó escuchar? ¿ o lo alucinó?.


“¿Hay marcas como esta en la casa? ¿Dónde?” le pregunto a Daniel. El niño la tomó de la mano y la llevó a su recámara, a simple vista no se apreciaban las marcas.


“¿Dónde están Dany?” le preguntó observando cada rincón de la habitación, no veía nada. Daniel acercó a su madre a la ventana y en el suelo había una fina marca de tierra con la forma de la huella. Lucía se sorprendió a comenzó a buscar más huellas a través de la habitación; había huellas que iban a la puerta y salían al corredor, dibujaban una línea hasta el final y salían por la ventana. Se asomó y la cornisa estaba plagada de esas huellas. Se quedó muda, estaba tan cerca de ellos.

TERCER TIPO DE CONTACTO: CONTACTO FISICO Y/O VISUAL

Pasaron dos semanas después del incidente en el bosque y cada día se encontraba mas intranquila, dormía con sobresaltos y estaba constantemente en alerta. Roberto tenía ya dos días sin llegar a la casa, cosa que no era rara, cuando tomaba la borrachera en serio se quedaba hasta por cinco días fuera de casa. Lucía cada noche se quedaba en vela mirando por su ventana, esperando ver de nuevo aquellas luces o quizás aquel ser del bosque. La quietud de la noche aguardaba alguna sorpresa en su casa, una puerta abriéndose o un vaso romperse; pero jamás paso nada, solo el sonido de los grillos y las ranas a lo lejos era lo mas que se alcanzaba a escuchar.


Estaba sumida en sus pensamientos cuando su puerta se abrió lentamente, contuvo la respiración esperando lo peor. La figura de Daniel entró en la habitación. Lucía dio un respiro de alivio.

“¿Qué pasa hijo?” le pregunto un tanto agitada por la sorpresa, esperaba ver un hombre de gran cabeza y ojos negros, que tonta había sido.

“No puedo dormir mama” respondió con voz de hilo el chiquillo

“Ven, acuéstate conmigo” respondió Lucía quitando las sábanas y haciendo espacio a su hijo en la cama, quien sabe si lo volvería a ver…¿Por qué pensó eso?

A la tercera noche Roberto volvió a casa, borracho como una cuba y azotando la puerta de entrada y gritoneando a todo pulmón.

“¿DONDE ESTAS VIEJA? ¡HAZME DE CENAR, CARAJO!”.


Lucía se tapó con las sábanas, a buena hora había llegado ese bueno para nada y ebrio, mejor que vaya con Daniel y me encierre con él antes de que nos haga daño. Llegó a la recámara de su hijo y lo abrazó mientras los sonidos de platos rotos y azotones de puertas cimbraban la casa.


“Maldita sea, Lucía. ¡¡VEN ACÁ!!” Vociferó el borracho desde la planta baja ya que no era capaz de subir las escaleras. Ella se quedó quieta abrazando a Daniel, no iba a complacer a ese cerdo asqueroso, si por ella fuera lo desaparecería para siempre. De repente escuchó como Roberto caía pesadamente y vomitaba, vaya que estaba ebrio, pues bueno que allí se quedara hasta que decida ser un hombre de verdad. Por fin el silencio reinó en la casa, al parecer se había quedado dormido, por fin paz, ella misma se relajó y poco a poco se quedó dormida.


A la mañana siguiente Lucía bajó y encontró a Roberto tirado en la sala en medio de un charco de vómito seco, no pudo evitar una mueca de asco al ver a ese adefesio humano tirado entre la porquería. Desvió su mirada hacía la cocina dirigiéndose a ella a preparar el desayuno para ella y para Dany. Preparó Hot Cakes y café para ella, un olor dulzón inundó la casa. Al poco rato bajó Daniel en pijama y pantuflas, aun estaba adormilado y se le veía con hambre.

“Bueno días, cariño” le dijo Lucía

“Buenos días, mamá” contestó el niño. “Algo huele bien” exclamó olisqueando en el aire ese aroma dulzón, no dudó en sentarse a la mesa a esperar una deliciosa pila de Hot Cakes. Lucía mas que satisfecha puso cinco en un plato y lo colocó frente a su hijo quien hizo una expresión de satisfacción al ver tan rico desayuno. Lucía palmeó la cabeza de Daniel y continuó haciendo el desayuno para ella misma. Un poco después Roberto entró en la cocina aun cubierto de vomito seco.

“¿Acaso debo limpiarte como un niño pequeño?” le dijo con sarcasmo Lucía.

“¿Qué hay de comer?” preguntó ignorando ese comentario

“Lo que ves, hay Hot Cakes” le dijo de mal humor.

“No puedo comer eso, tengo resaca con un carajo” respondió dando arcadas.

“Pues lo siento, no hay más” Lucía no volteó a verlo, ni siquiera cuando el tipo salió fúrico de la cocina refunfuñando como era su costumbre.

Daniel y Lucía terminaron su desayuno y se levantaron de la mesa, el niño subió a su recámara y Lucía lavó los platos, estaba decidida a dar por terminado el infierno en el que vivía.


Ese misma tarde, ella estaba bordando en la sala cuando un ruido llamó su atención; venía del porche y parecían pasos apresurados. Se levantó de la mecedora y se asomó por la ventana para tratar deber quien era el intruso que merodeaba por ahí. Abrió la ventana y asomó la cabeza peor no vió nada extraño, salvo huellas de tierra en el suelo, las mismas que había visto en la recámara de Daniel. Asustada salió al porche; soplaba el viento y los campos de cultivo se agitaban, los árboles danzaban al compás del aire. Pero el silencio era absoluto, salvo el sonido de los árboles. Lucía caminó por el porche sin notar nada raro, los pasos habían cesado y parecían haber venido de su imaginación.


Convenciéndose a si misma que todo estaba en orden se dispuso a regresar a su casa y al dar la vuelta se quedó de una pieza; delante de ella un ser estaba parado a no más de tres metros, era alto, quizás dos metros con veinte centímetros, su piel brillaba con matices color verdeazulado, no tenía pelo ni vello en su piel, era totalmente terso. Lo que más llamó su atención fueron sus manos y sus ojos, sus manos estaban verdes y solo tenía tres dedos y sus ojos… eso ojos de tamaño normal pero totalmente negros, la miraban fijamente, no parpadeaba, no había párpados allí solamente esos ojos que no se apartaban de ella.


La escena pareció haberse congelado y el reloj haberse detenido, el ser no se movió ni emitió expresión alguna, solamente la miró, estatico. Pasaron quizás tres o cinco minutos cuando Lucía salió de su asombro y el primer impulso que tuvo fue gritar, pero como era de esperarse el grito se ahogó en su garganta. El ser permaneció estático ante Lucía hasta que de repente habló, pero no en una lengua desconocida, era mas bien un tipo de Clave Morse, pareciera que su lengua golpeara en la dura carcaza de sus labios. Al fin se movió, dio lentos pasos hacía Lucía y conforme se acercaba pareciera que se hiciera mucho mas grande de lo que en realidad era. Cuando lo tuvo a medio metro de distancia, el ser levantó una mano sin tocarla, ella se sobresaltó pensando en una agresión, pero no ocurrió. En su lugar no hubo contacto, solo la mano levantada hacia su rostro por parte de ese ser extraño. Sintió la estática de aquella larga extremidad y se quedó quieta, lo ultimo que supo es que de la palma emanaba una corriente estatica y Lucía perdió el conocimiento.


Cuando abrió los ojos ya se había hecho de noche y Lucía se levantó pesadamente, la casa estaba a oscuras lo cual le resultó inusual porque Dany le temía a la oscuridad…¿Dany? ¡¡Dany!! ¿Dónde estaba Daniel?. Corrió al interior de la casa encendiendo las luces a su paso.

“¡Daniel! ¿Dónde estás?” llamaba Lucía a su hijo que no contestaba a su llamado, la casa estaba en total silencio.

“¡¡Daniel, por favor contesta!!” gritaba histérica recorriendo cada rincón de la casa, pero sin hallar rastro alguno de su hijo. Tomo una linterna y salió de la casa llamándolo desesperadamente. Recorrió los alrededores, los campos de trigo y parte del bosque, tenía la esperanza de hallar a su hijo pero no obtuvo éxito. Llorando regresó a la casa y se tumbo en el sillón de la sala, buscaba una explicación al porque su hijo no estaba allí, ella recordaba haberlo visto esa mañana subir a su recámara antes de que le cerdo se largara, lo escucho jugar arriba incluso antes de su encuentro con aquel ser, pero después ya no. ¿Acaso ese extraño ser se lo había llevado?. Presa del pánico llamó a la policía.


Cuando Roberto llegaba a la casa vió dos patrullas afuera.

“¿Ahora que ha hecho esta loca?” pensó bajándose de su auto y entrando en el inmueble. Encontró a su esposa llorando en la sala y cuatro policías registrando la casa. Delante de Lucía estaba otro agente quien claramente se veía de mayor rango, estaba tomando notas en su libreta.

“¿Qué sucede oficial?” pregunto Roberto al policía

“Al parecer su hijo Daniel ha desaparecido, señor Guzman. Su esposa refiere haber sido atacada por un desconocido y al despertar ya no había rastro del niño” contestó el detective.

“Ya veo. Bueno Lucía buena la has hecho, no eres capaz de cuidar a tu propio hijo” le escupió sarcásticamente Roberto. Lucía levantó la vista, sus ojos llorosos e hinchado adquirieron una tonalidad furiosa y su expresión se endureció. Se levantó hecha una furia y asestó una senda bofetada a Roberto.

“¡¿Quién diablos te crees para venir a hablarme asi?! ¡¡NO AYUDAS, SOLO ERES UN BODRIO!! ¿Dónde estabas hoy que Daniel desapareció? ¡¡BIEN TE VALÍA HABERTE MUERTO INFELIZ!!” Le gritó con todas sus fuerzas.

“Señora, por favor mantenga la calma. No ayuda tenerla asi de alterada. No sé que problemas maritales enfrenten pero es importante que nos enfoquemos en localizar al niño” dijo el detective poniendo orden a la situación.


Lucía miró con rabia a su marido y se volvió a sentar en el sillón.

“Señora, ¿puede describir a su atacante?” le preguntó el detective. Ella lo pensó un poco, era obvio que la tacharían de loca si describía al ser extraño con el que se había topado.

“No pude verlo. Todo pasó muy rápido” refirió sin levantar la cabeza.

“Entiendo. Bien entonces con la foto que nos ha proporcionado iniciaremos la búsqueda en 24 horas. Mientras tanto les sugiero no perder la esperanza y buscar en las zonas aledañas” dijo el detective guardando su libreta y su pluma. “Buena noche”, los policías salieron de la casa y todo volvió a quedar en silencio.


CUARTO TIPO DE CONTACTO: ABDUCCION

Los días pasaban y no había ni rastro de Daniel, al pueblo habían ido incontables veces preguntando a la gente con el mismo resultado, nadie sabia nada del pequeño. Los “esposos” no se hablaban, a leguas se veía que se odiaban y no se soportaban, mas el odio era mayor por parte de Lucia hacía Roberto.


Una noche, llegaron a su casa y ella fue directo a la habitación del niño. Miraba la vacía cama de Daniel y un nudo en la garganta apareció, era bastante probable que no lo volviera a ver jamás y eso la destrozaba. Gruesas lágrimas recorrieron sus ojos, se sentía sola, su marido estaba abajo mirando la televisión, a el no le importaba su hijo. Estaba arrodillada sollozando en medio de la habitación cuando sintió un peludo cuerpo en su brazo, era Leo que ronroneaba y se restregaba en los brazos de Lucía. Ella lo tomó y lo abrazó con fuerza, el gato comprendió el gesto y ronroneó. Asi paso un rato cuando sin previo aviso Leo siseó a la ventana y salió huyendo despavorido, ella se quedó petrificada ante la reacción del felino, era muy extraño.


Esa noche de nuevo durmió intranquila, pensando en el quizás fatídico destino de su hijo. Tenía varios días sin comer bien y sin dormir, quería a su pequeño hijo de vuelta y nada la detendría hasta dar con el. A cierta hora un ruido la despertó, sonaba cono estática, como un televisor sin señal y ella se sobresaltó. La ventana estaba abierta y la negrura era mudo espectador de lo que aconteció a continuación.


El ruido de estática aumentó y parecía como si se acercara , por fuera el ruido se escuchó tan fuerte que obligó a Lucía a tapar sus oídos, el sonido taladraba sus tímpanos a tal grado que la lastimaban. Roberto también se despertó. “¿Qué carajos es esto?” gritó tapando sus oídos. Lucía no respondió, solo mraba por la ventana esperando a que apareciera el origen del sonido, pero no pudo verlo. Inesperadamente el sonido cesó; se quedaron desconcertados sin saber que hacer. Ambos voltearon a verse extrañados por lo que acababan de oir, el silencio era absoluto y el miedo los invadió.


Sin saber como y sin saber cuando la casa se volvió completamente iluminada por una intensa luz blanca. Ambos fueron cegados por ella y cubrieron sus ojos , Lucía cayó al suelo. Volteó a ver a Roberto quien no se movía, estaba paralizado con la cabeza mirando al techo y emitía sonidos guturales. Ella poco a poco se levantó tratando de alcanzar a su marido, pero una fuerza magnetica la rechazó. Se fue a estrellar contra su tocador y el fuerte golpe la hizo ver doble. Aun aturdida fue testigo de cómo su marido levitaba, los sonidos se atoraban en su garganta y un dolor parecía dibujarse en su desencajado rostro. La luz no se apagaba y seguía lastimando sus ojos. Los muebles comenzaron a temblar y pareciera que un terremoto sacudiera la casa amenazando con derribarla, Lucía poco a poco se incorporó y solo se limitó a mirar a Roberto. Su cuerpo casi tocaba el techo, jalado por una fuerza magnética poderosa e indescriptible, Roberto se arqueó en un ángulo casi imposible y lanzó un alarido, Lucía juró que se escucho a Kilometros a la redonda.


Y de repente todo acabó, el grito de Roberto se apagó y la luz dejó de brillar y todo volvió a quedar en silencio. Las luces de la casa se habían encendido por completo y Lucía estaba atónita, respiraba con dificultad, parecía que nada hubiese ocurrido… pero Roberto no estaba, de hecho no estaba en la recámara ni en ningún lado. La negrura de la noche era lo único que veía a través de la ventana y después de un rato Lucía dejó escapar un lastimoso grito.

“Entonces dígame, Lucía. ¿su esposo fue jalado por una fuerza invisible y después desapareció?” preguntó un incrédulo detective a una pálida Lucía sentada en una sala de interrogatorio.

“Una luz incandescente entraba por las ventanas, lo único que vi fue a mi esposo levitar hasta el techo y desaparecer ante mi” respondió temblando, las esposas en sus muñecas tintinearon ante la reacción del cuerpo de Lucía.

El detective suspiró “Sabe muy bien que no podemos creer ese cuento, señora. Tenemos los elementos suficientes para acusarla por la desaparición de su hijo y su marido”, le dijo el detective en tono amenazante.

Lucía lo miró incrédula. “Yo no hice nada en contra de ellos”

“Lo dudo mucho, señora. Vi su reacción cuando su esposo la ofendió y fue de todo menos pacífica, hay evidencia de que usted no quería a su marido”

“Si, pero no para hacerle algo malo. ¡¡Mucho menos a mi hijo!!” gritó perdiendo el control.

“Esa misma ira usted pudo canalizarla en un ataque de histeria sin recordar lo que hizo. La hallamos desmayada y quizás fue en ese lapso que ocurrieron los hechos” respondió sereno el detective.


Lucía se quedó callada, agacho la cabeza y murmuró “Yo no les hice nada”

Nuevamente el detective suspiró y se levantó de su silla: “Es mejor que nos diga que ha hecho con su hijo y su esposo, señora. Sería conveniente para todos que lo haga” Y salió. Ella no dijo nada, mantuvo la cabeza gacha y su vista en la mesa desnuda.

“¿Qué opinas de ella compañero?” preguntó el detective a su subordinado.

“Pienso que la chica está hasta el tope de loca. Ya parece que va a venir un alien a secuestrar a sus familiares. Es absurdo”

“Si, ya lo creo. Bueno a prepararte a procesarla. Pasara un tiempo tras las rejas”

“A la orden, señor”

Esa misma noche, Lucía estaba anonadada en sus pensamientos sobre su hijo. ¿Dónde estaría su pequeño? Le preocupaba que estuviera herido o si aun estaría con vida, hasta ese momento ella se consideraba una buena madre y procuró siempre a Daniel a pesar del cerdo de su marido. Extrañaba abrazarlo y mimarlo, hasta extrañaba a Leo, quería volver a casa y saber que todo estaba bien, pero los fríos barrotes de su celda se lo impedían. Encerrada en los separos se sentía diminuta y con frío. La acusarían de un crimen que no cometió y sería encerrada injustamente. Valiente sistema de justicia. Poco a poco lo párpados le pesaron y se quedó dormida…


La celadora vigilaba el pasillo y cuidaba que todo estuviera en orden, no estaba en la mejor disposición por la falta de sueño y de comida. Ese trabajo demandaba mucho. Estaba a unos metros de la celda de “La Hiena” como habían bautizado a Lucía por creerla una asesina de su familia. Sin previo aviso una intensa luz emanó de la celda de Lucía y cegó a la mujer, ella cayó al suelo porque un intenso dolor en los ojos la hizo tambalearse y caer de espaldas, la luz brilló con mas fuerza por algunos segundos hasta que como vino, se fue.


Como por arte de magia la luz se apagó y todo quedó en silencio, al acercarse a la celda la encontró vacía. Con mucho cuidado la abrió y entró en ella buscando a la presa, incluso esperó a ser atacada por ella sin lograr encontrarla. Dio la voz de alarma y cuando sus compañeros llegaron realizaron las investigaciones correspondientes, no hallaron ganzúas ni chapas violadas, pero tampoco a Lucía.


Un perito encontró un trozo de papel debajo de la cama, tenía escritas unas extrañas letras que parecían de otra lengua. De inmediato lo mandaron a analizar y cuando obtuvieron el resultado una semana después no dieron crédito a lo que el mensaje decía.

El mensaje cifrado en el trozo de papel era: “La investigación de la humanidad debe continuar”




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