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Necrohistorias: La Huerta




1° El Alcanfor Así hablaba mi abuelo: Esto sucedió en 1949 yo tenia 9 años. Estaba jugando en la calle mas o menos como a las seis de la tarde. Ya estaba queriendo oscurecer y se me ocurrió ir a la huerta; pero ese día paso algo raro, pues, a diferencia de cuando entrabamos mis amigos y yo por la mera esquina en esta ocasión entre por la casa de la vecina Luisita. Obviamente todo el camino era nuevo para mi, así que todo a mi alrededor propiciaba la creación de un ambiente extraño y tenebroso. Me fui caminando hacia el fondo y di la vuelta a la izquierda, entre por un hueco que se localizaba en la mera esquina, entre las dos casas hecho con unas vigas, agarradas con un alambre de puas, que hicieron los vecinos para poder pasar. En medio de la huerta estaba un alcanfor, que era un árbol muy grande cuyo nombre real desconocíamos y se nos ocurrió ponerle así; ademas de muchos arboles frutales, hojas secas en el suelo, etc. Entre y me fui directamente hacia donde estaba el alcanfor muy alto y muy grueso, di algunos pasos y tuve que detenerme de una manera muy brusca por que al pie del alcanfor vi a un señor que me observaba, me le quedaba viendo y levanto un brazo, pero en forma tiesa, en forma rígida y despacio como queriéndome decir que me acercara a el, pero –repito tenia nueve años, me espante, entonces fui retrocediendo a la salida la cual, al palparla, me quede viendo otra vez al señor vestido de negro, no era muy alto, estaba un poco fornido, es decir algo gordito, con su traje oscuro, supongo que era nuevecito por que se veía bien negro, corbata y su sombrero del mismo color. No le pude ver la cara por mas que trate. Dudé en ese momento de que fuera un muerto vivo, no podía distinguir, pero la forma en que levanto el brazo para decirme ven, lo percibí muy rígido, en las dos veces que me volví para verlo cuando me enfrene al entrar y cuando me iba a salir. Fui retrocediendo hasta poder palpar la entrada. Ya pasaba la salida, y entonces me eche a correr hacia la calle, iba algo tembloroso. 2° El Respiro ¡Ah! Cambien recuerdo que en ese tiempo, al oscurecer se oía un sonido raro, como una exhalación, proveniente de la huerta, pero fuerte tan fuerte que se alcanzaba a escuchar hasta la casa. Le decía a mi tía pero no le daba importancia, me calmaba diciendo que tal vez se trataba de un pájaro o algún otro animal. Todos los días iba con Aurora al pan, que era la señorita que la ayudaba a mi tía en la casa; teníamos que caminar una cuadra, pasábamos por un callejón hasta llegar a la calzada donde estaba la panadería. Comprábamos el pan y nos regresábamos. En una ocasión, cuando caminábamos a medio callejón, escuche ese sonido, como el soplido del viento, muy fuerte, la verdad es difícil de describirlo. Le dije: Oye Aurora ¡me da miedo eso! Y dijo –No hagas caso, no tengas cuidado, vayámonos. 3° El tesoro De esos sucesos no le dije a nadie lo que paso, hasta ya en 1971, que fui a visitar a un amigo que vivía en esa vecindad, en esa casa donde me espantaron, en esa casa donde entraba hacia la huerta. Fui a visitarlo una noche, y no se como salio a la platica, me dijo que si yo sabia que habían sacado dinero donde estaba la huerta, con motivo de la construcción de la linea 2 del metro, dije que no, entonces le platique de ese suceso a Ricardo, entonces me dijo ¡Ah Roberto tu eras el mero mero de ese tesoro! Le dije ¡No, pero que iba yo a saber a esa edad!. También otro de mis amigos que vivía en la calle Mar Blanco de nombre Víctor Gonzáles me platico una anécdota referente al tema de los fantasmas pero esto sucedió en otro lugar diferente. Me contó que a uno de sus cuates se le apareció un señor, pero que a diferencia de mi experiencia, él si le hablo para pedirle un favor “especial”. Debía oficiar una misa para que su alma descanse en paz, y a cambio le diría donde esta el tesoro, que había enterrado muchos años atrás, puesto que, con motivo de la revolución tuvo que salir huyendo dejando su dinero escondido en se lugar. Y así lo hizo, cumplió la pie de la letra las instrucciones del espíritu y aquel le indico el lugar exacto donde hallaría el tesoro. Y así fue como, al cavar, saco una olla de monedas de oro. 4° La loteria Tiempo después fui al centro a comprar mi acostumbrado cachito de lotería (esa vez también ya estaba oscureciendo, ya pasaban de las seis de la tarde); cuando llegue al local, justo al dar la vuelta se me adelanto un señor vestido con traje tabaco, color oscuro, con sombrero fijo tipo Bombin. Pero un pude verle la cara por mas que trate, por que venia lampareado por las luces de los autos que daban directamente a la cara. Me di cuenta que ya solo quedaba un entero de lotería, y entonces el hombre lo compro todo. Me quede con ganas de decirle que me dejara uno, pero no lo hice. Posteriormente, en la tele salio el numero ganador y resulta que era el mismo de aquel señor misterioso, cuyas características coincidían con las del hombre de negro que me encontré en la huerta. Recuerdo una y otra vez, y llego a la conclusión de que era el mismo, y me imagino que debió decir: ¡A ver Roberto, no quisiste el tesoro que te ofreci aquella vez, pues ahora tampoco dejo que te ganes la loteria!.


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